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Con la frente bien alta

La entrega de las cruces del Reconocimiento Civil a las víctimas del terrorismo en el Congreso de los Diputados abre una ventana de luz en uno de los colectivos más castigados del País Vasco.

En esa Vasconia irreal, las víctimas del terrorismo y sus allegados, además de sufrir en sus carnes la sinrazón de la violencia, debían padecer el oprobio del ocultamiento de su condición. Esa deformación dramática de los valores a la que los vascos están sometidos, -donde el "algo habrá hecho" y los insultos post mortem se suman al tiro en la nuca y la bomba lapa-, forma parte de la cotidianeidad. Las víctimas y sus deudos han debido soportar su dolor con la cabeza gacha y en las catacumbas.

La manifestación del sábado en San Sebastián fue un desagravio civil y cultural a quienes sufren. Las victimas, por una vez, encabezaban la marcha. Las autoridades del Gobierno de Euskadi la entendieron, sobre todo, como un desafío a su mojigatería que pretende estar en tantos sitios a la vez que no está en ninguno. El acto en el Congreso refrenda oficialmente y sin equívocos el reconocimiento institucional a quienes, desde la recuperación de la democracia, han sufrido la violencia injustificable.

La presencia del Presidente del Gobierno, José María Aznar, acompañado de Mariano Rajoy, Vicepresidente primero y del Ministro del Interior; las presidentas del Congreso, del Senado y del Parlamento Europeo, así como el pleno de la Cámara, apoyaban un acto de agradecimiento al drama de unas personas que "nos piden a todos que seamos capaces de lograr que la intolerancia, la exclusión y el miedo no puedan sustituir nunca a la palabra y la razón", como señala el preámbulo de la Ley que este miércoles se puso en práctica. La presencia de Nicole Fontaine y otros altos cargos del Parlamento europeo, tras la aprobación casi unánime el pasado jueves en Estrasburgo de una moción complementaria, contra el terror y el diálogo con quienes lo justifican y lo practican, dan un horizonte impensado a este colectivo hoy públicamente manumitido.

Hablan algunos de un "conflicto político" como originario de la actual situación que padece el País Vasco. Sería mas correcto hablar de "conflicto ético" en un lugar cuyas instituciones, el Parlamento vasco, forman una Ponencia de Víctimas de la Violencia que ningunea a las víctimas y sus familiares y premia a los terroristas y sus comparsas. Paradojas deliberadas para mantener en el oscurantismo a una sociedad moralmente enferma. La luz y la alegría que han iluminado los semblantes de esas trescientas personas al recibir sus encomiendas por haber padecido directamente el terror pueden ser preludio de una nueva era. A partir de ahora podrán salir a la calle con la frente bien alta. Lo que menos les importará es ser tratados de excelentísimos o de ilustrísimos.

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