La Intifada fue hallazgo ingenioso de una OLP vencida. El terrorismo clásico agotaba su ciclo: el de la Guerra Fría. La OLP de Arafat fue no sólo esa máquina de asesinar civiles que culmina en las Olimpiadas de Munich. Fue también el soporte logístico del terrorismo europeo. Ni uno solo de sus grupúsculos hubiera existido sin un proveedor eficiente de armas modernas. La OLP de Arafat lo fue. Directamente, o a través de los grandes traficantes que integraban su ministerio de finanzas. Todo eso se extinguió con la final caída del imperio ruso.
El genio de la Intifada cabe en su sencillez. Arafat entendió la debilidad del contrincante: el gusto occidental por la culpa. Nada como la muerte de un niño para dispararlo. Arafat vio justo: bastaba enviar oleadas de chiquillos a ladrillazos contra los tanques y aguardar los inevitables primeros muertos; luego, la espiral giraría sola. Funcionó. Entre otras cosas, críos no faltaban. Era la versión primera. La de estos días es más refinada: detrás del escudo infantil, disparan contra el ejército israelí los terroristas de Arafat a quienes Israel disfrazó de policías y dotó con armas. Una obra de arte.
¿Se imaginan la cara de Aznar, si el PNV lanzara a la ertzantza (tras una trinchera de críos), metralleta en mano, contra el ejército, con motivo de haber puesto Mayor Oreja un pie en la playa de la Concha? Cambien ertzantza por policía palestina, playa de la Concha por explanada del Templo, San Sebastián por Jerusalén y Mayor Oreja por Ariel Sharón. Y piénsenselo dos veces.

Terrorismo e intifada
Servicios
- Oro Libertad
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida