La caja de Pandora que Al Gore abrió con el recuento de los votos de la Florida, y las amenazas de acudir a los tribunales, han tenido la consecuencia previsible y los demonios liberados han empezado a extenderse por todo el país. En Nuevo México empieza un nuevo recuento, pues la ventaja de Gore se ha reducido a 160 votos y 250 papeletas han desaparecido; en Iowa y Wisconsin, George Bush se plantea un recuento que podría eliminar la diferencia de unos pocos miles de votos y en New Hampshire es Gore quien tratará de quitar a Bush la victoria que debe a tan solo 8 mil votos.
El ex secretario de Estado James Baker advirtió públicamente a Gore de que ponga punto final a sus maniobras, que tan sólo pueden crear problemas para el país, pero el tono combativo de ambos bandos descendió visiblemente este viernes, especialmente las declaraciones emitidas por el equipo demócrata que ya no hablaba de "irregularidades" ni pedía a Bush que renuncie, sino que expresaba su confianza de que a última hora la realidad demostraría que hubo más votos para Gore, aunque seguía aferrándose al camino jurídico para imponer a su candidato.
La repugnancia de los norteamericanos a que su voto se determine por sentencia, quedó reflejada en sendos editoriales de New York Times y Washington Post, que poco antes de las elecciones habían recomendado "Al Gore for president". Ambos criticaron duramente a Gore por una tenacidad desplazada que, a falta de una evidencia de fraude, pone en peligro la convivencia y la estabilidad del país y, señalaron que los probables errores han de corregirse en el futuro, pero no justifican medidas contrarias a las tradiciones constitucionales del país, como sería poner la elección a merced de la sentencia de un juez.
Se equivocaron todos
Después del fiasco del martes, cuando las cadenas de televisión proyectaron equivocadamente por dos veces el ganador de las elecciones en el estado de la Florida, llegan noticias de otro nuevo error en las informaciones divulgadas durante la noche electoral: en vez de la "participación intensa" recogida por los medios informativos, parece ahora que tan solo el 50.7%, o 104 millones de norteamericanos, se molestaron en votar.
Para colmo, esta madrugada, algunos diarios han empezado a retirar Nuevo México de los estados ganados por el vicepresidente Gore y se ha preparado todo para un recuento. Otro tanto puede ocurrir en Iowa, donde igual que en Nuevo México el voto en favor de Gore registró una ventaja mínima, así como en Oregón, donde ni siquera se ha proyectado el ganador, pues todos los votos se mandan por correo y esto retrasa el recuento.
Es algo que no tendrá consecuencias, pues los tres estados juntos tan solo suman 19 votos, insuficientes para poner a ninguno de los dos candidatos por encima de los 270 votos mínimos para llevarse el Colegio Electoral: sin Nuevo México, Gore tan solo tiene 255 votos y Bush 246, pero con la Florida cualquiera de los dos se convierte en presidente.
Pero la necesidad del recuento demuestra los errores provocados por la precipitación de los informadores, en una desenfrenada carrera por llegar antes que sus competidores, además de poner en duda la afirmación demócrata de que Gore ha ganado el "voto popular", algo que no se sabrá hasta que no se hayan contado todos los sufragios por correo, nacionales e internacionales, que pueden sobrepasar la ventaja de unos cien mil votos que Gore tenía anoche.
Pero el lugar difícil, por las consecuencias que tiene, es la Florida y esta madrugada, al no haber los resultados oficiales esperados, se ha empezado a hablar de un jaque prolongado, que no permita tener resultados antes de la tercera semana de diciembre, cuando los compromisarios de los estados emiten su voto electoral que confirma oficialmente al presidente.

Una mancha de aceite
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