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Malos tiempos para Pastrana

En el peor momento de su carrera política, el presidente colombiano, Andrés Pastrana, llegará el jueves a Ciudad de Panamá para participar en la X Cumbre Iberoamericana. Su principal objetivo es recoger la solidaridad de los jefes de Estado y potenciar el llamado “Plan Colombia”. Se trata de un proyecto financiero-político promovido esencialmente por Estados Unidos y algunos países europeos (entre ellos, en primer lugar, España) que la guerrilla rechaza tajantemente y que para el acosado Pastrana constituye ya el último salvavidas en ese naufragio al parecer irreversible en que se ha convertido la situación colombiana.

Pastrana llega a Panamá horas después de que la FARC hubieran anunciado su decisión de romper las conversaciones de paz con el gobierno por la supuesta “debilidad” de Pastrana con los paramilitares de AUC (Autodefensas Unidas de Colombia). Estos son cada vez más poderosos y, sobre todo, más letales en la lucha contra los guerrilleros castristas en la zona del Putumayo, gran despensa de coca para la los guerrilleros.

Las huestes de Carlos Castaño, comandante en jefe de las AUC, le están haciendo la vida imposible a las de “Tirofijo” y el “Mono” Jojoy. Así se explican las exigencias de los jefes guerrilleros para que el gobierno neutralice a sus enemigos paramilitares. Otra cosa es que Pastrana, campeón de la ingenuidad y la incompetencia sea capaz de echarle un pulso a Castaño.

Sin embargo, al presidente colombiano no le será fácil conseguir la solidaridad de la Cumbre. Tiene tres adversarios peligrosos, los tres curiosamente alineados en el mismo parecido bando, a los que festejó en el pasado y que ahora le pagan con la moneda de la desafección. Se trata de Fidel Castro (inspirador y financiero de las guerrillas marxistas colombianas), Hugo Chávez (amigable componedor y amigo de Marulanda, con quien confraterniza en las zonas fronterizas) y el crepuscular Alberto Fujimori, que últimamente “vía Montesinos” se convirtió en proveedor de armas y pertrechos para las FARC.

Ninguno de estos tres individuos apoyará el “Plan Colombia”, que según la guerrilla colombiana supone la “participación militar abierta de los norteamericanos”.

José María Aznar y, eventualmente, los presidentes de Argentina y Chile podrían apoyar a Pastrana en sus designios. Pero incluso en el caso de De La Rúa y de Lagos, lo harán con la boca pequeña. La posición mexicana es un enigma y hasta que el presidente electo no tome posesión será difícil conocerla con claridad.

El desbarajuste colombiano, la creciente oposición popular a la política “dialogante” de Pastrana y la paulatina radicalización de la clase política y empresarial contra las cesiones territoriales y políticas a la guerrilla deslegitiman la labor del presidente conservador cuyas promesas electorales se han quedado en agua de borrajas. A eso hay que añadir el descontento de las fuerzas armadas y el poder creciente de la guerrilla gracias al auge del narcotráfico, su principal fuente de ingresos.

Aunque, como viene siendo obligado, en la Declaración Final de la X Cumbre habrá un párrafo en la que se insta a las “partes en conflicto” a la negociación y al diálogo y se apoya la labor de Pastrana, todo indica que el presidente colombiano regresará a su país como vino: agobiado por una situación que no controla y más sólo que nunca.

Ni Fujimori ni Castro, ni mucho menos Chávez, le echarán la mano sobre el hombro.

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