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Portoalegre: los etarras en su sitio

El corresponsal de El País en Río de Janeiro nos obsequió la semana pasada con una melancólica despedida del Foro Social de Portoalegre. A tenor de la encendida defensa que hizo de la cumbre "alternativa" y de los asistentes a la misma, podíamos pensar que el señor Arias actuó en la ciudad brasileña como un exaltado ponente "globofóbico", y no como informante. El citado periodista se deshizo en alabanzas, en elogios y en parabienes, regodeándose con insistencia en lo positivo que resulta la celebración de acontecimientos de este tipo, y de sus efectos beneficiosos y redentores para el conjunto de la humanidad.

Lo único que lamentaba el confundido reportero fue la presencia en el Foro de representantes –o miembros— de la banda terrorista ETA. Su argumento era que estos sujetos están de más en el coro angelical que se ha arrogado la tarea de liberarnos de la "explotación" al resto de los mortales, aunque la mayoría no le hayamos pedido tal cosa a estos reaccionarios antiprogreso.

Pues no, señor Arias. No es que los etarras sobraran, sino que estaban en su sitio natural, seguramente amparados y respaldados por muchos de estos "gladiadores" de la justicia mundial. De esta forma, los terroristas vascos compartieron mesa, mantel, tertulia y algarada con quienes, al igual que ellos, preconizan el ejercicio de la violencia generalizada, así como la institucionalización de la coacción y del totalitarismo. Y es que en esta clase de encuentros sólo tienen cabida quienes, como los etarras, pretenden modelar a los individuos y las relaciones sociales y económicas a su antojo, quienes desean hacerse con el control completo del poder para convertirse en una clase de privilegiados, reducida y cerrada, que goce de impunidad para practicar la arbitrariedad a discreción; para determinar lo que los demás podemos y debemos hacer, pensar, leer o comer en cada momento; o para apoderarse, mediante la fuerza de los bienes de todos aquellos que les resulten antipáticos.

Otras plumas, más diestras y sabias, han desmontado ya con rigor,
con habilidad y con elegancia las necedades económicas y metodológicas en las que trata de sustentarse la sinrazón "globofóbica". Bástenos concluir que, mientras Bové y compañía viajan de Davos en Davos, o de Portoalegre en Portoalegre, la mayoría de los pobres del primer o del tercer mundo –que en gran parte tienen que "agradecerle" su situación a los camaradas de los reunidos en el Foro— hacen todo lo que está en su mano por salir adelante. Trabajan mucho y con gran esfuerzo, tratan de ahorrar, de establecer negocios, de sacar a sus familias adelante. En definitiva, tratan de aprovechar las oportunidades que ellos mismos se forjan, en el mercado, por supuesto.

Jorge Bolaños Martínez es periodista.

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