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Recado de Bush

El presidente del Gobierno español parece haberse convertido en una imitación mediterránea de Miguel Strogoff, el correo del zar. En los últimos tres días, ha ido de un lado para otro llevando o transmitiendo mensajes: de Arafat a Sharon, de Mubarak a Barak, de Sharon a Bush.

La culminación de esta carrera entre Madrid, El Cairo y Tel Aviv ha sido el telefonazo que le dio el presidente de Estados Unidos, cuyo epílogo recordaba la poesía de Miguel Hernández: “que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”.

La escala israelí de su viaje ha servido al menos para que entendiese (o así debería ser) que las cosas no son tan sencillas en aquellas tierras como Arafat pretende y que, cuando Sharon amenaza con sacar el garrote, razones le sobran. También es de esperar que le haya servido para calibrar la complejidad de la situación la evaluación que Arafat, su amable interlocutor de hacía unas horas, hizo sobre el atentado contra un grupo de ciudadanos inocentes que esperaban un autobús: ¡es un accidente de tráfico! Por sus obras o sus dichos, los conoceréis.

Ojalá, en fin, la excursión mesoriental de Aznar le haya servido para extremar la prudencia cuando habla de lo que allí sucede. Y que comprenda al fin que la lucha contra el terrorismo es indivisible. A los criminales hay que combatirlos en Bilbao o en Ramallah. Con idéntica convicción y, si es posible, con semejante eficacia. Nadie puede ser neutral en ese combate.

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