En su alegato contra el cáncer que supone la imaginación, Christophe Donner utiliza esta historia: cuando su padre murió, Daniel se pasó la noche escribiendo; pero al releer lo escrito se dijo, “esto no es más que un grito, olvídate de ello, déjalo reposar durante 20 años y retómalo después.” Para abstenerse de lanzar su grito, Daniel empleó ese tiempo escribiendo novela policíaca. Se hizo muy famoso con un “largamente madurado y bien escrito amasijo de lugares comunes,” y aprendió la técnica de no decir nada con palabras que le daban mucho dinero. Cuando se decidió, por fin, a gritar, ya era demasiado tarde; el grito estaba podrido y lo único que le salió fue un chillido satisfecho.
Para el actor, montador de cine y escritor Christophe Donner, la imaginación procede de la ignorancia, sirve para salvar la piel e infecta la literatura. Los escritores recurren a la imaginación para esconder aquello que verdaderamente importa, y se esfuerzan en ocultar las huellas de los pasos que les condujeron a ese nirvana, “el imaginario”. Cuanto más pura, luminosa y suspendida en el vacío sea la imaginación, más grande y poderoso se siente el escritor. Sin embargo, la función principal de la literatura es “decir las cosas, contarlas, transmitirlas” y así lo dice Borges en aquel poema en el que, después de enumerar todas las formas de enunciar la luna, reconoce que la única palabra que le hace verdadera justicia es precisamente ésa: luna.
Al contrario que Daniel, Christophe Donner no ha querido callarse su “grito” contra la imaginación y ha escrito un breve manifiesto de protesta, con todos los defectos y virtudes que acarrea la espontaneidad: Aparente desorden, frescura y muchas sugerencias. Como él mismo reconoce, “nada es muy serio en esta obra, es un borrador de manifiesto.” Tiene razón Donner al señalar que, en nuestros días, parece otorgarse menos mérito a la literatura abiertamente autobiográfica a favor de aquella que se aleja lo más posible del entorno o la experiencia personal del autor. ¿De qué se trata? se pregunta Donner, ¿de contar una historia viva y emocionante o de hacer un deslumbrante tour de force imaginativo?
Apoyándose en García Márquez, escritor imaginativo por excelencia y que ha declarado recientemente: “Voy a contar mi vida, es lo que siempre he querido hacer y será lo mejor que haya escrito nunca”; en Dostoievsky, “¿puede haber algo más fantástico e inesperado que la realidad?”, en los ejemplos de Céline, Kafka, Duras y André Gide, y atacando con auténtica saña al filósofo Gilles Deleuze: “Ya se ve la incompetencia y la incultura de Deleuze en materia literaria… ¿cuándo se admitirá por fin que no entiende nada de nada, que es inculto e incompetente en todos los campos?”, Donner va hilando un pensamiento valiente, refrescante y ciertamente liberador, pero desconcertante en ciertas afirmaciones arbitrarias que no acaba de sustentar.
Algunos pequeños descuidos editoriales (en las notas a pie de página, Gilles Deleuze se convierte en Gilles Delevre) empañan mínimamente un libro que une a su facilidad de lectura una importante sugerencia: las verdades establecidas deben ser permanentemente replanteadas.
Christophe Donner, Contra la imaginación, Espasa Hoy, 2000, 122 páginas.

La literatura infectada
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