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El porqué marroquí

¿Y ahora qué? ¿Qué es lo que van a hacer en Madrid, Rabat o Bruselas ante el fracaso de las negociaciones? Por el bien de todos, esperemos que a uno y a otro lado del Estrecho apuesten por el sentido común, pues este es sin duda el momento más peligroso de los últimos años en las relaciones entre España y Marruecos. Para llegar a este fracaso, mejor hubiera sido romper desde el principio. Más de 15 meses de negociaciones pesqueras han calentado demasiado los espíritus. Tanto la opinión pública española como la marroquí llevan ya demasiado tiempo intoxicadas por discursos nacionalistas. Los unos, acusando a los marroquíes de haber usurpado a los españoles el derecho a pescar en unas aguas donde pescan desde hace más de cinco siglos. Los otros, calificando a los españoles de piratas que sólo van a Marruecos a saquear el caladero y que impiden que se desarrolle el sector pesquero marroquí.

Entre España y Marruecos, la pesca ha pasado de ser un contencioso económico a convertirse en un conflicto histórico, como Ceuta, Melilla o el Sahara. Y ahí está el peligro. Ahora no sería de extrañar que los pescadores andaluces organizaran concentraciones de protesta. Desde luego que tienen derecho de hacerlo. Quince meses en el dique seco pueden con el ánimo de cualquiera. Lo que pasa es que de ahí a bloquear el puerto de Algeciras al paso de camiones de Marruecos y tirar al asfalto las mercancías sólo hay un paso que, además, ya se ha dado demasiadas veces en los últimos años. Con ese síndrome de querer parecernos a nuestros vecinos europeos, lo primero que hemos hecho es imitar a los franceses, que se han pasado décadas descargando por la fuerza nuestros camiones.

En algunas localidades especialmente afectadas por la falta de acuerdo, algunos inmigrantes ya han sido amenazados por la calle. Lo más alarmante: su delito era que su país no ha querido firmar un tratado de pesca. Si, desgraciadamente, alguna de estas amenazas llega a concretarse en una agresión, las consecuencias podrían ser terribles. La opinión pública marroquí difícilmente soportaría una nueva ola de ataques racistas en España. En menos de dos años, los marroquíes han visto ataques contra sus inmigrantes en Terrassa y en El Ejido. Más incidentes podrían dar lugar a que algunos marroquíes se tomaran la justicia por su mano contra ciudadanos españoles residentes en Marruecos.

Aunque no guste, el Gobierno español debe morderse la lengua, reconocer el derecho legítimo de Marruecos a dejar pescar en sus aguas a quien quiera y su apuesta por desarrollar su sector pesquero. Descargar las culpas sobre la "intransigencia marroquí" sólo contribuiría a echar más leña a un fuego que ya está demasiado caliente. Es el momento de ponerse en serio a trabajar en la tarea de reconvertir la flota pesquera y de adaptarla para que pueda ir a pescar a otros caladeros.

Está claro que buena parte de la opinión pública española va a criticar las ayudas al desarrollo que España otorga a Marruecos, sobre todo después de que este país se haya negado a firmar un acuerdo. Congelar esas ayudas sería una solución populista y dañina. Sólo perjudicaría al pueblo marroquí, que es quien menos culpa tiene. Por su parte, los periodistas españoles tendríamos que empezar a preguntarnos qué ha hecho nuestro Gobierno en todo esto. ¿Por qué, desde que está en el cargo, el ministro de Agricultura y Pesca, Arias Cañete, sólo ha venido una vez a Marruecos? ¿Por qué Posada, su antecesor, cuando venía, hacía todo lo posible para no entrevistarse con su el entonces ministro de Pesca Marítima, Thami Jiari? ¿Por qué no se han utilizado las privilegiadas relaciones entre ambas casas reales, en un momento en que Juan Carlos I se considera "hermano mayor" de Mohamed VI?

Son demasiados interrogantes a los que habría que buscar respuesta antes de lanzarse a una cruzada antimarroquí que no va a conducir a nada bueno.

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