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Casi un referéndum

Tras un complicado y penoso recuento de votos, al fin se supo que Berlusconi y la coalición que dirige se alzaron con la mayoría absoluta en las dos Cámaras italianas, algo que le permitirá formar, por primera vez desde hace mucho tiempo en ese país, un gobierno estable, algo insólito. Rutelli, el carismático dirigente del centro izquierda, reconoció al fin la "legítima victoria" del "Cavaliere".

No por esperada esta victoria es menos importante y significativa. La campaña electoral italiana ha sido durísima y. como en otros lugares (pienso ahora en el País Vasco), funcionó el "todo vale".

Hacía años que los dos bloques fundamentales de la vida política italiana no se agredían con tanta pasión y tanta ferocidad. Hacía tiempo también que desde el exterior no se desplegaban tantos medios para desacreditar a uno de los contendientes: la campaña contra Berlusconi, iniciada por el semanario británico The Economist y seguida por otros medios de comunicación europeos, no tiene parangón con otras injerencias tan inadmisibles como contraproducentes.

Los italianos han respondido a esta maniobra de oscuros orígenes y protagonistas fácilmente identificables votando en masa a favor del candidato agredido. Nadie ha dicho que Silvio Berlusconi fuese un santo ni que sus negocios y sus empresas constituyeran un ejemplo de moral social. Pero de ahí a condenarlo a priori sin que ningún juez de su país o de otro país cualquiera lo haya hecho, media un trecho largo que algunos, por simples indicios o mediante acusaciones irresponsables, que de todo hubo, franquearon alegremente. A los italianos este tipo de injerencias no les gustan y razón les sobra.

La tarea que le espera a Berlusconi es enorme, máxime contando con el apoyo parlamentario suficiente y la legitimidad electoral necesaria. Ayer anunció su voluntad de promover el desarrollo en el Mezzogiorno empobrecido y se refirió a una serie de proyectos en infraestructuras primarias. Lo que pretende este personaje singular es relanzar una economía en caída libre y que necesita, como otras muchas en la Europa del sur, remedios de caballo.

El triunfo de Berlusconi debería obligar a ciertos dirigentes de la izquierda europea a un examen de conciencia en profundidad. Las lectura de los improperios, descalificaciones, insultos y amenazas con que distinguieron durantre los últimos meses al hoy victorioso millonario y político, dan vergüenza.

La lamentable experiencia de Haider en Austria y las tristes consecuencias de aquella cacería deberían haber moderado a ciertos sectarios irresponsables para quienes el honor, la dignidad y el respeto a ciertos valores morales son temas de menor cuantía. Hacía mucho tiempo que no se había arrojado tanta basura sobre una persona, a la que al menos debería presuponérsele la inocencia, antes de condenarlo sin escucharlo.

Precisamente por eso el contudente triunfo de Berlusconi y su “Casa de las libertades” constituye una respuesta a tanto exceso y tanta cháchara maligna. Para algunos ha sido casi un plebiscito. Ojalá sirva de ejemplo y recordatorio.Y ojalá Italia encuentre al fin la estabilidad política que busca desde 1948 en vano.

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