Al mundo le ha salido un émulo de aquel temido “azote de Dios” del que se decía que donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba. Pero esta vez, lo que es peor, en versión de vaquero tejano. Hijo de aquel célebre ex director de la CIA que también llegó a la presidencia (qué tendrán los servicios secretos, tanto monta la CIA como el antiguo KGB con Putin, que colocan así a sus hombres), no es un secreto, sin embargo, el papel que tuvieron en su campaña electoral –en la de George W. Bush junior– las grandes compañías energéticas.
La propia familia Bush está ligada al negocio petrolero. Sin embargo, nadie se esperaba tan exhibición. Un César, a pocas luces que tenga, suele esforzarse mucho en parecer honrado y no escandalizar. Y aquí, el escándalo es ya tan escandaloso que hasta le ha costado perder la mayoría en el poderoso Senado de su país, para regocijo de Al Gore, al huir del partido Republicano el ruborizado senador Jeffords.Y es que quizás hay algunos que todavía creen, por fortuna, que para ser conservador de verdad hay que conservar algo de ética. Siempre he creído, torpe de mi, que ser conservador era también conservar algunos valores que no fueran los bursátiles (incluso, fíjense que candidez, conservar el mundo para nuestros hijos).
Uno de los asuntos que ha influido en tal decisión senatorial –junto con otros donde la “fineza” de Bush junior ha quedado patente– ha sido un plan energético que pretende resucitar la construcción masiva de centrales nucleares y térmicas, destruir virginales reservas naturales de Alaska para extraer petróleo y eliminar los controles ambientales porque “estorban” a las industrias energéticas. Todo ello precedido de unas cajas destempladas en el tema del cambio climático que han dejado estupefacta a la comunidad internacional. Y con excusas tan peregrinas como los apagones de California, que no se deben a la falta de centrales eléctricas, sino a una nefasta gestión del sistema.
Lo peor del atrevimiento es que le han salido imitadores que se creen amparados por la artillería anti-ecológica de Bush. Sin ir más lejos en España, donde el señor Martín Villa ha advertido a Rato del “riesgo de apagones” (qué casualidad que nunca antes nadie hubiera hablado de tal supuesto riesgo y más porque se sabe perfectamente que España es excedentaria en generación) pidiendo que el Gobierno reconsidere la limitación a la construcción de más centrales.
La locura es contagiosa. Y el fundamentalismo y la revolución, sea del signo que sea, improcedente. Por eso, esperemos que al final la cordura y la racionalidad se impongan y se atemperen los bríos de este caballo desbocado que amenaza muy seriamente que vuelva a crecer la “hierba” de un desarrollo en armonía con el medio ambiente. Aquí no vale eso de que el que venga detrás que arree. Los que vienen detrás son nuestros hijos. Y el planeta no está para demasiadas bromas.

El "Atila" tejano
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