España y Argelia son dos países unidos por la barriga a través del gaseoducto que sale de las ardientes arenas de Hasi R’mel, en el Sahara profundo, y llega hasta Córdoba tras sumergirse en el estrecho de Gibraltar: un sueño del inolvidable Pedro Durán Farrell que nos dejó hace unos meses discreta e inesperadamente, como era él, uno de los españoles más importantes del siglo XX aunque ahora nadie se acuerde porque este es un país de memoria flaca y efusiones oportunistas.
Don Pedro soñó que un día este país se calentase con el gas argelino sin necesidad de recurrir a los metaneros y ahí está ese gaseoducto, monumento a una quimera convertido en negocio y de los mejores, hasta el punto que se lo disputan como hienas empresas y empresarios. El abuelo del señor presidente del gobierno, don Manuel Aznar, inolvidable amigo y maestro, a quien conocí cuando empezaba este oficio de perros y gatos, coincidió con el actual presidente de Argelia, el cautivo Abdelaziz Buteflika, en Naciones Unidas y lo convirtió en su discípulo predilecto. Buteflika representaba entonces en las ONU a un país recién nacido, Argelia. Don Manuel Aznar era un español atípico a quien Indalecio Prieto calificó injustamente de Perillán aunque fuese un español vertical, víctima de las dos o tres españas fratricidas, un deporte local.
Todo eso se lo recordó Buteflika a José María Aznar en un Seminario organizado por Repsol en Baleares, una romería para vender imagen como suelen hacer los ricos ilustrados en el Mediterráneo antes de comprarse el yate y pagar las cuentas de la querida. Buteflika y Aznar se abrazaron en aquel sonado encuentro y algunos creyeron ver en este ósculo balear (“los moros son muy besones”, dijo un castizo) la prueba de que la luna de miel entre la España democrática y la República argelina gasística y castrense había comenzado. Aunque nadie se atreviese a decirlo entonces, Buteflika era ya el chico de los recados de los generales panzudos que desde el Estado Mayor general dirigían al país (Argelia) como una finca andaluza. Llevándose, eso sí, el santo y la limosna, cuando limosna restaba porque antes pasaron por allí los del partido único, Bumedien (un muerto insepulto) y Chadli, lo están peinando.
La historia contemporánea de Argelia es la historia de un saqueo organizado a mayor gloria de la independencia nacional y la revolución nacional. Ahora Aznar y su mozo de espadas, Piqué, se encuentran ante la fatal disyuntiva de no saber qué hacer ni qué decir ante el drama que se vive en Argelia: un grupo de oficiales felones, utilizando las armas que la República y el pueblo les prestó, se dedican a disparar contra los jóvenes que protestan por la represión contra los bereberes de Cabilia, azacanados por la gendarmería, desvalijados por la soldadesca, hartos de mentiras y promesas, sin trabajo ni vivienda. Estos jóvenes están ya muertos. En una terrible pancarta enarbolada por la multitud el jueves pasado en la manifestación de Argel se podía leer esta terrible leyenda. “No nos podéis matar porque ya estamos muertos”. Estos chicos son “inmoribles”, tal vez inmortales.
Lo que está sucediendo en Argelia ante el ojo triangular de una opinión pública europea que mira hacia otro lado y prefiere olvidar el crimen para no mover un dedo, es simple y llanamente una vergüenza. España y su gobierno son cómplices de este crimen múltiple porque desde que esta matanza se inició en las calles de Tizi-Uzú o de Agelia, el señor ministro y el señor presidente han preferido fijarse en los cuernos de la luna y silbar hacia la noche. Les sobraba gas para condenar un genocidio que se produce a las puertas de la Moncloa, en la antesala del Mediterráneo. No vaya a ser que Abdelaziz (Buteflika) se cabree y cierre el grifo del gaseoducto, no vaya a ser que nos quedemos a dos velas.
Ay, si don Pedro (Durán) levantase la cabeza. Ay, si don Manuel (Aznar) contemplase con sus ojos de azul turquesa las fechorías de este rebaño de compadres y macrós. El gobierno español y la Unión Europea, no saben, no contestan mientras corre la sangre por las calles como escribió Pablo Neruda sobre el Madrid bombardeado. Pero preparan, eso sí, un comunicado lamentando los sucesos de Argel el pasado jueves. Lo enviaron por correo certificado al equipo mediático habitual. Y aquí paz y después gloria.

Aznar y Buteflika
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