“Yo acuso...”. El conocido grito de Émile Zola cuando se enfrentaba a la sociedad francesa en defensa de Dreyfus, un hombre injustamente acusado, da nombre a una colección que, basándose en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, denuncia la violación de estos derechos en todo el mundo. Partiendo de testimonios personales que constituyen narraciones sencillas de casos sumamente dramáticos, los doce libros de que consta la serie explican a los lectores de más de 13 años lo que supone la prostitución infantil, la vida en los campos de refugiados, los crímenes cometidos por el racismo, lo que significa ser mujer en Afganistán o los efectos de las minas antipersona.
En este caso, la autora trata el problema de la esclavitud que afecta a millones de personas en todo el mundo bajo formas que van desde la venta de seres humanos a la explotación del trabajo infantil. Los dos relatos incluidos en el libro resultan estremecedores, transmiten sinceridad y se leen de un tirón. Un niño, secuestrado por soldados tras asistir al exterminio de su familia y su aldea, se convierte en esclavo de un viejo coronel europeo que vive en Jartum, la capital de Sudán. Las cadenas en los tobillos para que no pueda escapar, el hambre y las humillaciones constituyen la vida cotidiana de un chico que incluso ha perdido su nombre, prueba evidente, como ha demostrado repetidamente la historia, de que también ha perdido por completo la dignidad.
El otro caso narrado es el de un joven haitiano secuestrado para trabajar en una plantación vigilado por hombres armados que le golpean por cualquier razón. En este caso, se le ofrece un salario tan mínimo que es en realidad una forma de encadenarle para siempre a través de unas deudas imposibles de pagar. Mientras se leen estos relatos el lector tiene la sensación de haberse trasladado a épocas del pasado e, incluso, cuando se accede a la completa documentación que acompaña el libro cuesta trabajo asimilar tanto horror tan cerca de esta sociedad llamada del bienestar y cuando comienza el siglo XXI. Pero es cierto, en este mundo hay millones de seres que sufren las más variadas formas de injusticia y quizá la forma de empezar a solucionarlas es que cada día todos nosotros fuéramos un discreto pero valiente Zola que denunciara el dolor de tantos seres inocentes.
Marie Agnès Combesque, Entre guerra y miseria. Los esclavos de hoy, Bruño y Amnistía Internacional, Madrid, 2000.
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