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No hay peor sordo...

El llamado Ejército Republicano Irlandés (IRA) y su brazo político, el Sinn Fein, llevan varios meses mareando la perdiz e intentando ganar tiempo para que la situación en el Ulster se pudra y los acuerdos firmados en buena y debida forma con el gobierno británico, el irlandés y sus enemigos del Partido Unionista se conviertan finalmente en papel mojado.

¿Por qué? Pues simplemente porque ni el IRA ni el Sinn Fein tienen el más mínimo interés en abandonar y entregar las armas, pese a sus muchas y prolijas promesas del pasado. Ahora, cuando faltan apenas unas horas para que se cumpla el plazo de caducidad del acuerdo negociado en las últimas semanas por el "primer ministro" Trimble, los "muchachos del IRA" se han sacado de la manga un nuevo método para desarmarse y destruir el armamento que tienen en su poder y siguen utilizando aunque, justo es reconocerlo, con menor intensidad que en otras épocas.

Se trata de no romper la baraja porque sus interlocutores están auténticamente hartos de tantas filigranas, mentiras y fantasías. Mientras los cerebros del IRA le presentan a la Comisión Internacional Independiente de Desarme un nuevo proyecto, el Sinn Fein sigue exigiendo algo que difícilmente es aceptable por el gobierno británico: la "desmilitarización" de la provincia y la reforma en profundidad de la policía norirlandesa con la posibilidad de integrar en la misma a personas próximas al bando republicano. Sólo un gobierno de perturbados podría aceptar estas condiciones previas y parece claro que no las aceptará.

En cuanto a los unionistas, sus exigencias coinciden curiosamente con lo que constituía hace años el común denominador de cualquier proceso de paz sensato y viable: que el IRA renunciase a la lucha armada y entregase las armas. Sólo así podría iniciarse un verdadero dialogo entras las comunidades. Pero los terroristas republicanos no han hecho ni una cosa ni otra. Ni han renunciado verbalmente o por escrito a la lucha armada ni han entregado sus arsenales: se han limitado a unas cuantas armas arcaicas e inservibles. Ahora salen con ese nuevo método para destruir su arsenal como si en ese terreno, tras tantos años de experiencia internacional de desarme en todos los puntos del globo (desde Centroamérica a Camboya, de Filipinas a Ruanda) este ejército de pacotilla pudiera aportar algo a una empresa tan noble como indeseable para sus dirigentes. El problema no está ahí: el problema radica en que el IRA no quiere desarmarse. Todo lo demás son disculpas de mal pagador.

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