Menú

La irresistible seducción de los piratas

La mayor parte de la imaginería sobre piratas que ha alimentado el cine y la imaginación de miles de personas en todo el mundo surgió de la pluma y, sobre todo, de los pinceles de un autor excepcional que escribió e ilustró numerosos libros a lo largo de su vida. El norteamericano Howard Pyle (1853-1911) creó un estilo propio de ilustración que destaca por su minuciosa documentación histórica y por la fuerza y el realismo de las situaciones. Su excepcional dominio de la luz y el color convierte cada una de sus ilustraciones en auténticas obras de arte, en las que es posible deleitarse durante largo tiempo.

La editorial Valdemar, que acostumbra a obsequiar a los lectores con sus cuidadas ediciones, merece en esta ocasión un especial reconocimiento debido a la calidad de las reproducciones que en algunos casos procedían de originales bastante deteriorados. La presente edición añade, además, dos ilustraciones a color que no se encontraban en la edición original y tres ilustraciones que aparecían en blanco y negro en dicha edición y ahora es posible contemplar a color. En mi mesa tengo en estos momentos dos ediciones de los piratas de Pyle, la de Amereon House y la de Children´s Classics. Pues bien, lo cierto es que la de Valdemar supera ampliamente a ambas en la calidad editorial de las ilustraciones del autor. En algunos casos, el título que acompaña la ilustración constituye un resumen de las acciones más características de estos legendarios personajes: “Los muertos no cuentan historias” o “¡Allá abajo fue el capitán Goldsack, arrastrándose, arrastrándose, arrastrándose, buscando su tesoro en las profundidades!”.

Las ocho historias sobre piratas que cuenta Pyle –se podría decir en este caso, al contrario de lo habitual, que acompañan perfectamente a las ilustraciones– son un apasionante resumen de la vida de unos hombres que recorrían los mares de todo el mundo en busca de aventuras y de los preciados tesoros de los galeones españoles, siempre al margen de la ley y sin más hogar que el amplio océano. Algunos de estos “caballeros de fortuna”, como Drake, Davis, Frobisher y tantos otros, se convirtieron en mitos de la imaginación infantil . Como el mismo autor se pregunta en el prólogo: “¿acaso los niños, cualquier niño de cualquier lugar, no prefieren ser capitanes piratas que Miembros del Parlamento?”. Quizá en estos tiempos no haya mucha diferencia moral, dirían algunos.

El caso es que los niños y las niñas siguen disfrazándose de piratas porque la atracción por la aventura hace tiempo que llegó a las chicas, que prefieren blandir la espada a ser cortejadas por un aguerrido capitán aunque les diga que sus ojos son “tan brillantes como perlas de Java”. Para ellos y ellas, y para todos los adultos que disfrutan aún con historias de aventuras y con el placer de disfrutar de unas excepcionales ilustraciones, este libro es un auténtico regalo.


Howard Pyle, El libro de los piratas , Valdemar, Madrid, 2001, 256 páginas.

En Tecnociencia

    Servicios

    • Oro Libertad
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida