El humor es un ingrediente que se incluye en muy pequeñas dosis en los libros infantiles de autor español. Las razones no están claras, pero la sombra de la recomendación escolar, muy a menudo tan de agradecer, pero también a veces un lastre que impide navegar con soltura a muchos autores, aparece tras la edición de la literatura para niños. Explican algunos escritores que los maestros no entienden el humor infantil y prefieren no correr el riesgo de que sus libros no sean del agrado de los docentes que han de recomendarlos, también se escudan a veces tras las opiniones de los psicólogos que afirman que los niños no captan la ironía o el doble sentido de las palabras. Ante estas explicaciones, se suele responder con una pregunta: ¿cómo se explica el éxito del humor anglosajón abanderado por un
best-seller
permanente como Roald Dahl?
Sea como fuere, la cuestión es que salvo excepciones como Consuelo Armijo o Elvira Lindo, por citar dos ejemplos opuestos en el tipo de humor –del “nonsense” a la sonrisa cotidiana– es raro encontrar un libro infantil español en el que el sentido del humor campee libremente. De modo que un libro como el que hoy recomendamos encarecidamente leer supone una auténtica delicia. Se trata de uno de esos libros que se leen con una sonrisa permanente y un agradable sentimiento de ternura. Su protagonista tiene once años y mide 5,03 metros. Sí, es un gigante que vive en una casa normal y va al colegio como el resto de los niños. Aunque esto no es exacto, ha sido necesario adaptar muchos elementos de la vida cotidiana para que Julito, así se llama, pueda llevar una vida relativamente cómoda. La descripción de estos “arreglos” y de sus características personales ocupan una parte del libro muy divertida que se completa con una estupenda aventura: un viaje al Tíbet en busca de otro gigante.
Analizando el contenido de este libro podrían destacarse valores como el papel fundamental de unos padres comprensivos y tolerantes o la necesidad de aceptar lo diferente. Pero es mejor que los niños y los adultos sencillamente disfruten con este tierna criatura que tiene una memoria prodigiosa y conoce, por ejemplo, “Todas las clases de insectos que existen, especialmente los más insignificantes. Como la arañita llamada Patu Marplesi, que mide 0,43 milímetros en total. O sea, poco más o menos como el punto que pongo aquí.”
José Luis Velasco y Carmen Morales, Diario de un niño descomunal , Espasa Juvenil, Madrid 2001, 120 páginas.
