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El cartero de Bush

El ministro de Exteriores, Josep Piqué, quiso matar ayer dos pájaros de un tiro en Marrakech. Explicó al “joven rey” (¡viva el tópico manque pierda!), Mohamed VI, en qué consistía esa planetaria alianza antiterrorista bendecida por la ONU y la OTAN y qué tipo de respuesta prepara Estados Unidos para acabar con Ben Laden, los talibanes y cuantos asesinos en serie integristas merodean por el mundo.

También explicó Piqué a sus interlocutores marroquíes la importancia que tiene para España la relación íntima, casi carnal, con el reino alauita. Las efusiones continuarán dentro de unas horas, a la vuelta de la gira del ministro por Argelia, Túnez y Libia.

Aparentemente, los malentendidos (pateras y otros asuntillos) hispano-marroquíes han terminado, y entramos ahora en una etapa de efusiones: la experiencia demuestra que la cordialidad es flor de un día en estas relaciones, sobre todo cuando se ponen a prueba: pesca, emigración clandestina, narcotráfico, mafias, etc.

La experiencia demuestra también que cuando los americanos quieren explicar a los magrebíes sus proyectos bélicos o pacíficos, mandan una delegación ad hoc sin necesidad de recurrir a intermediarios.

Piqué parece haber escogido el papel de mensajero o cartero de Bush. Es una noble y fatigosa profesión, y el laborioso ministro, es que no para: después de una gira por Medio Oriente, fue a Washington buscando orientaciones; y ahora las dispensa entre los aliados árabes del imperio. Pero mientras el Gran Mudo –el Pentágono- no hable, las giras por la periferia sirven apenas para alegrar la vida cortesana del país (este país) y ensayar sonrisas de aeropuerto. Después vendrán los marines con la rebaja: y eso sí que está al caer.

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