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El microbio de Kabul

Osama Ben Laden lucha con Estados Unidos como una enfermedad infecciosa. Hasta el 11 de septiembre Washington no diagnosticó el microbio que alentaba el terrorismo árabe y que posiblemente saboteó las fuerzas norteamericanas en Somalia hace ocho años.

Gracias a esta ignorancia, Ben Laden pudo actuar impunemente pero ahora que la Casa Blanca lo está atacando con dosis masivas, sus éxitos anteriores le hacen creer que es invencible y ha convencido incluso a la mísera población afgana de que nadie puede derrotarlos.

Los refugiados afganos en Pakistán recitan como un solo hombre "nosotros acabamos con la invasión soviética y lo mismo ocurrirá con los norteamericanos". Aparte de que los "nosotros" no habían nacido o eran niños en aquellos años, han olvidado que los soviéticos no solo se enfrentaron al difícil terreno y la ferocidad de su población, sino a una tecnología superior que los norteamericanos pusieron masivamente en manos de los guerreros afganos.

Nadie duda que el Pentágono tiene por delante una campaña difícil, pero esta vez los talibanes tienen dos recursos poco prometedores: uno es Osama Ben Laden, para que les ofrezca una tecnología superior a la de sus atacantes; otro es el apoyo de los líderes tribales, notorios por su disposición a cambiar alianzas si la compensación pecuniaria les atrae y si encima les convencen que están en el bando perdedor. Son argumentos que ya están oyendo de la CIA y los servicios secretos pakistaníes.

A diferencia de los jefecillos guerreros que pueden desertar, los talibanes están en un callejón sin salida: Ben Laden es el auténtico dueño de Kabul, que compró al financiar la campaña militar de los talibanes, darles entrenamiento y armas modernas que les dieron la victoria en la guerra civil. Si la guerra moderna destruye búnkers y cuevas y si los “stingers” anticuados y los puñales caen ante las armas y la organización modernas, Ben Laden quizá pueda escapar. Los talibanes, saben que les esperaría el tierno trato de los rebeldes y no les queda otro remedio que pensar en el martirio y luchar ciegamente en el nombre de Alá.

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