Cuando los líderes peneuvistas viajan al extranjero, aunque sea en el papel, les gusta librarse del incómodo corsé verbal que se ponen cuando hacen declaraciones a la prensa española, para no sentar plaza de radicales paranoicos y seguir gozando del bien pagado apoyo que les prestan sus políticos y sus medios de comunicación afines (que son muchos). En España se dividen el trabajo: Anasagasti es el “bueno” de la película, que siempre cuida el lenguaje y lima las aristas con el “territorio limítrofe”; el papel del feo lo desempeña el lehendakari que ni quita ni pone rey, pero sirve a su señor y la tarea de proferir infundios y dicterios políticos a todo trapo queda reservada a Arzallus, el “malo”, que para eso es el jefe.
Anasagasti ha dado rienda suelta a todo el rencor y la frustración que a los nacionalistas vascos les produce el no estar presentes en la futura Internacional Demócrata de Centro, de la que fueron expulsados con toda razón y justeza, vistas sus veleidades batasuneras y verdes. En un lenguaje de corte leninista, se permite atribuir a Fox, en una entrevista concedida al diario mexicano Reforma “mentalidad de presidente de la Coca Cola” y de actuar “al dictado de Aznar”, quien “no es un hombre de centro, sino que tiene todos los tics de un hombre muy autoritario”.
A Anasagasti le duele que el presidente mexicano, Vicente Fox, no tenga miedo a llamar a las cosas por su nombre ni a revelar aquello de lo que ha sido testigo. Afortunadamente, en México ya no existe ningún interés por sostener el infame mito de la resistencia heroica de los gudaris del PNV en la Guerra Civil (más falso que un duro de madera, como ya ha demostrado Pío Moa en su excelente historia de la Guerra Civil, ya que fue el propio PNV el que pactó con Franco, entregándole intacto el País Vasco y traicionando inmisericordemente a sus aliados). Tampoco interesa la antigua patraña del genocidio cultural y la salvaje represión que el franquismo, supuestamente, practicó con especial saña en el País Vasco; ni la presente de la “terrible” represión que sufren quienes quieren ser españoles (perdón, vascos). Afortunadamente, por qué no decirlo en México no existe el miedo a acabar con un tiro en la nuca o a perder el empleo por decir la verdad sobre el nacionalismo vasco.
Flaco favor hace Anasagasti al PNV cuando recuerda a Fox el México que acogió a la República Española en el exilio (México era uno de los estados más liberticidas y filocomunistas del momento). Pero lo más grotesco es su reproche a Fox por no haber visitado la tierra de su madre (San Sebastián). Se extraña el “bueno” de Anasagasti de que la llamada de la sangre no le lleve a Fox pedir el ingreso en el PNV.
Pero lo que más duele al PNV es que la piel de cordero, moderada y democrática, con la que ocultan la incontinencia de su totalitarismo nacionalista ya no engaña a casi nadie, ni dentro, ni fuera de España. Ni siquiera se la creen en México.

Anasagasti al desnudo
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