Menú

La mejor persecución desde Moby Dick

Las novelas marítimas se han nutrido durante siglos de la idea y la dinámica de la persecución. Ya Apolodoro de Tiana, al contarnos las hazañas de los Argonautas, nos embarcó en un navío que perseguía la obtención del Vellocino de oro. Había sido precedido por Homero y sería seguido por Stevenson, Salgari y Conrad entre otros. Con todo, seguramente ha sido la Moby Dick de Herman Melville la novela marítima donde se encuentra reflejada con más fuerza esa dinámica de persecución y quizá eso explique también porqué, con toda justificación, la única novela del mar que se le acerca en volumen de ventas es El cazador de barcos .

El punto de arranque del relato es la colisión del superpetrolero Leviathan (nombre de diabólicas resonancias bíblicas) con el modesto queche de Peter Hardin. La pequeña embarcación se hunde y con ella la esposa de Hardin. Lo que entonces se iniciará será una interminable persecución del petrolero, persecución en la que Hardin puede recordarnos al capitán Acab en pos de la ballena blanca pero, esta vez, con la justicia autoadministrada como bandera en lugar de con el resentimiento como pabellón. Finalmente, las dos embarcaciones se encontrarán en el golfo Pérsico en un combate de dimensiones no por desiguales menos épicas. Publicada por primera vez en 1979 por la editorial Planeta, El cazador de barcos es una de las mejores novelas que se han escrito con el mar como escenario y merece de sobra el lugar que le otorga entre sus títulos la colección Nostromo. Pero lo que encontramos en sus páginas es más que prestigio. Es literatura de la mejor calidad.


J. Scott, El cazador de barcos , Juventud, Barcelona, 2001, 501 páginas.

Servicios

  • Oro Libertad
  • Curso
  • Inversión
  • Securitas
  • Buena Vida