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Veronique de Rugy

Los franceses no aprenden

No sé si reír o llorar. Ya pasó la primera ronda en las elecciones presidenciales de Francia, en la que los encuestadores pronosticaban que Jacques Chirac (el presidente supuestamente conservador) pasaría a la segunda vuelta para enfrentar al primer ministro socialista, Lionel Jospin. Sin embargo, los votantes decidieron otra cosa; ahora, el llamado ultraderechista Jean-Marie Le Pen será quien se enfrente a Chirac. Sí, es correcto, los socialistas ni siquiera pasaron a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Pero eso no significa que ahora el mercado y una sociedad libres regirán en Francia bajo Chirac o Le Pen, ya que ambos son proteccionistas y neosocialistas en sus políticas económicas y públicas.

Yo, por supuesto, estoy feliz de ver humillado al partido socialista, pero no dejo de estar muy sorprendida por el resultado de las elecciones. Igual de grato es que los principales partidos de la izquierda francesa estén pidiendo ahora que se vote por el presidente Jacques Chirac. ¿Se imaginan a Al Gore, Ted Kennedy y Ralph Nader suplicándole a los estadounidenses que voten por Bush? Sin duda, estas son buenas noticias.

Pero la mala noticia es que ese voto no significa apoyo al libre mercado o a un gobierno pequeño. Chirac y Le Pen no son libertarios, ni siquiera conservadores. Le Pen solía usar una retórica liberal, pero ahora es reconocido como un opositor radicalmente nacionalista de la globalización. También tiene la desagradable reputación de ser racista y ha sido foco de atención en los últimos años por haber llamado a las cámaras de gases de los nazis “un detalle de la historia”.

Por el otro lado, con Jacques Chirac no hay esperanza. Fue elegido hace siete años, luego de una campaña conservadora, pero pronto condujo a Francia en la dirección equivocada. El resultado de sus políticas estatistas y de los fuertes aumentos de impuestos fue alcanzar la tasa de desempleo más alta de la historia. Fue esa incompetencia lo que aumentó el número de socialistas y comunistas en la Asamblea en 1995, a menos de dos años de la victoria de Chirac. Ahora, Chirac promete que las cosas serán distintas y que reducirá los impuestos, pero cuando se trata de reformar el sistema de seguridad social de Francia y el horario de trabajo de apenas 35 horas semanales, es menos atrevido. Como dice, “tenemos que hacer las cosas a la Française”.

Si Chirac resulta elegido, seguirá promoviendo grandes programas gubernamentales, más regulaciones, altos impuestos y otras malas políticas. Eso es lo que ha venido haciendo a lo largo de 30 años, y no hay razón para que cambie ahora, sobre todo considerando que a los 70 años ya no tiene futuro político. Por eso, los socialistas y los comunistas se sienten cómodos pidiendo a los votantes que elijan a Chirac. Saben por experiencia que él no representa un peligro para los valores centrales del socialismo.

Ambos candidatos, Chirac y Le Pen, demuestran que los franceses no quieren menos gobierno ni políticas económicas sanas. Si se suman los votos socialistas, los comunistas y los del resto de la izquierda, es evidente que nada ha cambiado y que los franceses siguen votando mayoritariamente por la izquierda. El nivel de apoyo que recibió Le Pen tampoco ha cambiado mucho.

Alain Madelin, un candidato pro-mercado, participó en la primera vuelta, pero su campaña de “devolverle a las personas su libertad y su responsabilidad, darles la oportunidad de sobresalir y tener éxito” no consiguió apoyo. Este líder del Partido Liberal Democrático, de 55 años, obtuvo apenas un 3% de los votos.

Los franceses simplemente no entienden por qué su situación económica es tan mala; no ven que el gobierno grande es la razón por la que Francia pasó de ser el quinto país más rico de Europa a ser el número 12, justo por delante de la Grecia socialista. Los franceses siguen adorando al gobierno y prefieren culpar a la inmigración del desempleo y demás problemas económicos, sin ver que son las consecuencias de años de políticas socialistas. ¿Aprenderán algún día los franceses la importancia de la libertad y de la responsabilidad individual?

Veronique de Rugy es francesa, residente en Estados Unidos, y analista de política fiscal del Cato Institute.

© AIPE

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