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Con nocturnidad y alevosía

El Gobierno español hizo pública el lunes una curiosa nota en la que advertía que la prensa no estaba invitada a la llegada de los tres deportados palestinos que, en calidad de acogidos, deportados o refugiados (la cosa no está clara), van a instalarse en nuestro territorio. Da la impresión de que, en efecto, se pretende que la llegada a España de estos militantes palestinos, a quienes el Gobierno israelí acusa de terroristas, pase totalmente inadvertida, como si fuera un acto indigno o una decisión reprobable. La pregunta lógica es ¿qué se intenta ocultar con tanto sigilo? Y, por qué el Gobierno español se ha involucrado con tanto entusiasmo en un proceso donde aparentemente nada se nos ha perdido y puede costarnos caro.

Resulta sorprendente que España acoja a tres de los trece deportados de Belén cuando se trata de una operación apadrinada por la UE cuyos miembros son, creo recordar, quince países. El hecho de que España presida estos meses la Unión para nada justifica tanto entusiasmo receptor ni tanto sigilo en los procedimientos. Hace días, cuando se negociaba la ubicación de estos militantes palestinos en los países europeos que desearan acogerlos, el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, dijo algo que es verdaderamente inquietante: “Desde luego, estas personas (los deportados) no son nada recomendables, aunque no haya evidencia de que están involucrados en actos criminales”. La reacción lógica a estas palabras sería pedirle al ministro que aclare por qué no son recomendables estas personas y, si no lo son, por qué se les recibirá aquí a mesa y mantel aunque, eso sí, bajo el manto de la Cruz Roja, que tal vez podría dedicarse a operaciones un poco más claras.

En España sufrimos desde hace bastantes años graves problemas relacionados con el terrorismo. Precisamente por ello cualquier asunto que huela a terrorismo o paraterrorismo debería tratarse con sumo cuidado y sin esconder la cabeza debajo del ala. La opinión pública española tiene derecho a saber quiénes son estos tres nuevos residentes, cómo se llaman y qué han hecho para que el Gobierno de Israel y el propio ministro de Exteriores español adviertan de que no son “recomendables”. Pero el Gobierno ya anunció que no se facilitarán sus identidades ni su biografía. ¿Se puede saber por qué?

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