Todo se procesó como estaba previsto en la segunda vuelta de las elecciones legislativas francesas. Los partidarios del presidente Chirac, la UMP (Unión para la Mayoría Presidencial) ganó con mayoría absoluta, (la mayoría serían 290) acrecentada hasta los 399 escaños, si se le suman los de la UDF de Bayrou. Los socialistas alcanzan apenas 140 escaños, el Partido Comunista, 21 y los “verdes”, 2. El Frente Nacional, ninguno: también estaba previsto. A esta victoria de la derecha le llaman en Francia la “ola azul”.
Hubo de nuevo una abstención record (39,32%), la mayor en este tipo de elecciones y vueltas en la V República: los institutos de encuestas señalan que quienes se abstuvieron mayoritariamente fueron los jóvenes y los trabajadores. Significativo y preocupante.
El sistema electoral francés ha facilitado también el disparate de que la extrema derecha del Frente Nacional, con casi seis millones de votos, no haya obtenido ningún escaño y que los comunistas con menos de un millón, lograsen 21. Pero curiosamente ninguno de los políticos batidos o victoriosos ayer se atrevió a denunciar este sistema que parece todo, menos democrático.
Los socialistas han sufrido una de las derrotas más espectaculares y claras de su historia como partido. Algunos de sus principales líderes (Martine Aubry, Pierre Moscovici, la “verde” Dominique Voynet o el “republicano” Jean Pierre Chevenement) no lograron su escaño. Se trata ahora, ha dicho Laurent Fabius, que aspira a liderar el partido, de “reflexionar, reconstruir y unir”, algo difícilmente concebible en una izquierda derrotada, fragmentada y desunida. El partido de Mitterrand entra ahora en el purgatorio y su marcha hasta la recuperación puede tardar mucho.
En cuanto a Chirac y su partido, tienen en sus manos más poder y más instrumentos para ejercerlo que nunca a lo largo de los últimos veinticinco años. De su entereza, moral y capacidad, dependerá que Francia haga las reformas en profundidad que los ciudadanos piden desde hace mucho tiempo y que hasta ahora han caído en saco roto. No se trata de reformar solamente la vida política, sino el Estado. Y eso son palabras mayores.

La ola azul
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