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La sombra de Elf es alargada

El proceso-río sobre los escándalos de la compañía petrolera Elf que acaba de iniciarse en París durará como mínimo cuatro meses, y por el estrado desfilará lo más granado de la clase política y financiera francesa; aunque los tres acusados más importantes sean el ex presidente de la compañía entre 1989 y 1993, Loïk Le Floch-Prigent; Alfred Sirvent, director de asuntos generales (es decir, el “repartidor” de coimas y sobornos a nivel planetario) y André Tarallo, monsieur Afrique, encargado de comprar a los jefes de Estado africanos más asequibles, entre ellos a tres que están felizmente vivos y disfrutando: el expresidente del Congo-Brazzaville, Sassou Nguesso; el presidente vitalicio de Gabon, Omar Bongo y el ex marxista- leninista, Eduardo dos Santos, presidente de Angola.

En el proceso Elf se mezclarán todo tipo de testigos, protagonistas, delincuentes de cuello blanco, penados, prostitutas, escritoras (entre ellas , Françoise Sagan), traficantes de armas y de drogas, “conseguidores”, etc.

Elf fue durante muchos años la joya de la corona gaullista. El general De Gaulle utilizó a la compañía para domeñar, corromper y controlar a los presidentes y altos funcionarios de las ex colonias. Y Mitterrand no pudo –y probablemente tampoco quiso– prescindir de aquel útil instrumento que permitía operaciones secretas y rentables para los intereses de Francia en todo el mundo.

Por supuesto, España no fue ajena a los manejos de Elf. Alfred Sirvent (ahora en prisión) contrató los servicios de un joven y dinámico profesional, que había sido colaborador de Leopoldo Calvo Sotelo cuando éste era ministro de Asuntos Europeos en los gobiernos de UCD. Daniel de Busturia jugó un papel importante en una de las operaciones de Elf en el exterior: la compra de una distribuidora de carburantes, “Ertoil”, con la que tenía cierta relación el hoy todavía ministro Josep Piqué.

Según relata en sus Memorias Le Floch-Prigent, Sirvent entregó a Busturia una suma aproximada de 21.000 millones de pesetas, una menudencia, para “ablandar” y “acondicionar” a una serie de personas situadas en el más alto nivel del Estado (“amigos de Felipe González y del Rey”, dice textualmente el expresidente de Elf). Y lo hizo con tanto tino y habilidad que finalmente Elf pudo comprar Ertoil en muy buenas condiciones.

No indica Le Floch-Prigent qué personas eran esas a las que Busturia entregó aquel dinero, pero es probable que ahora puedan conocerse sus nombres si es que el encargado español de la operación comparece como testigo el próximo día 5 de mayo ante el tribunal de París. Podría suceder, sin embargo, que Daniel de Busturia prefiriese quedarse mirando al mar en su casa de Ibiza.

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