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Rojeras y liberales

Que uno se escandalice de que los eurodiputados, que viven como rajás, aprueben las 65 horas es algo perfectamente comprensible. Sin embargo, la medida beneficiará a muchos inmigrantes que llegan a Europa precisamente a eso, a trabajar cuanto más mejor

En todas partes cuecen habas. Así debería haber titulado El País el artículo de opinión firmado el miércoles por Jorge M. Reverte. El escritor se queja de que el PSOE haya abandonado el izquierdismo en aras de los pactos con la derecha. Entre otros ejemplos, cita la jornada de 65 horas aprobada por el Parlamento Europeo, la directiva europea sobre internamiento de inmigrantes, la renuncia de Zapatero a "la mejora de la ley del aborto" y el apoyo de los socialistas madrileños a la enseñanza concertada. También lamenta que "los socialistas catalanes de origen charnego" hayan asumido "el discurso victimista del nacionalismo". Se pregunta apesadumbrado si algún elector catalán habrá votado al PSC "para que digan que ya está bien de alimentar a los parásitos extremeños".

Que uno se escandalice de que los eurodiputados, que viven como rajás, aprueben las 65 horas es algo perfectamente comprensible. Sin embargo, la medida beneficiará a muchos inmigrantes que llegan a Europa precisamente a eso, a trabajar cuanto más mejor para mantenerse aquí y mantener a sus parientres de allá. En cuanto al internamiento es una auténtica vergüenza. A los presos de Guantánamo, que nada tienen que ver con los ecuatorianos que aterrizan en el aeropuerto de Barajas, los pillaron con las armas en la mano, y ya se han encargado los tribunales norteamericanos de ponerles los puntos sobre las íes a Bush y a sus huríes neocons. ¿Se atreverá algún juez europeo a desafiar a los políticos? Lo dudo.

El aborto es asunto peliagudo, aunque creo que aquí lo importante no es el plazo en sí, sino su longitud. No es lo mismo el aborto libre antes del tercer mes que el llamado alumbramiento parcial, que es una barbaridad.

A propósito del PSM y de los colegios concertados, Reverte anda mal informado acerca de los negocios de algunos ilustres militantes del socialismo madrileño. Sepa que el marido de la senadora Ruth Porta es gestor de una red de colegios concertados laicos. La diferencia entre el escritor y yo es que a mí me encanta que Enrique Benedicto, el Opus Dei o cualquier otra empresa monte los colegios que quiera (otra cosa es que la Consejería de Educación diga cuántos y cuánto recibe cada uno). De todas formas, sospecho que el articulista de El País agradecería la existencia de algún cole progre por su zona, y quizá no le importaría no tener que pagarlo enteramente de su bolsillo. Cosas más extrañas he visto; conozco a uno que se pasa el día despotricando contra los Estados Unidos y tiene a su hija estudiando allí.

Ya sé que mal de muchos es consuelo de tontos, pero quizá a Reverte le guste saber que si en su casa cuecen habas, en la mía a calderadas. La misma desafección que siente él hacia los suyos la demuestro yo con otros. Me limitaré al penúltimo caso. También el miércoles, el diario El Economista publicaba una entrevista con el presidente de honor del PP y de FAES. Dice Aznar que Zapatero practica un socialismo "lejano de las teorías marxistas y cercano a posturas liberales más o menos inteligentes". Matrimonios homosexuales, eutanasia y paridad son los ejemplos aportados por el ex prócer.

En lo primero da la razón a una corriente importante, casi mayoritaria, del liberalismo internacional, que se parece a ZP lo mismo que un huevo a una castaña. La eutanasia es, como el aborto, otra historia. Y eso de que la paridad es una política liberal me parece una sandez, un disparate impropio (¿o no?) de un hombre culto –o eso creíamos algunos–. Además, viniendo de quien colocó a sendas mujeres como presidentas del Congreso y del Senado, el comentario resulta, además de estúpido, bastante hipócrita.

Espero que Aznar no se haya apuntado a la derecha garbancil, esa que junta en el mismo potaje comunitarismo, política de la identidad y presunto liberalismo económico, un guiso por lo demás imposible y de tufo casi tan desagradable como el gazpacho radical-demócrata de ZP. Si algo sabemos los liberales es que nunca salió barato la construcción de naciones y/o identidades, sean políticas, culturales o de otro tipo.

Reverte confiesa haber votado al PSOE por el miedo a la derecha y advierte de que cada vez hay más ciudadanos que se preguntan por su voto (a Zapatero, se entiende). Como yo no voté, de poco sirven mis amenazas, aunque motivos no me faltan para quejarme. En algunas cuestiones, los rojeras de toda la vida y los anarquistas con corbata estamos en el mismo barco, aunque en distinta cubierta (apuesto a que la suya es la de primera). Ahora bien, todos andamos igual de mareados. No hay tierra a la vista.

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