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Nunca se está demasiado frustrada

La gran oferta de la izquierda posmoderna a los insatisfechos de las sociedades prósperas consiste en una serie de actitudes que permiten despersonalizar el fracaso y esconder, cuando llega, el triunfo. Demasiado burgués, el éxito.

coitadin dijo el día 22 de Abril de 2010 a las 15:39:

Pobrecica Sonsoles ¡Cuánto sufrimiento y cuánta frivolidad!

kerkus dijo el día 22 de Abril de 2010 a las 14:51:

BRAVO .
Como en la Opera.
Es Usted la reina de mis dias ... y noches.
Politicas.

020540 dijo el día 22 de Abril de 2010 a las 09:32:

Sonsoles, lo tuyo no tiene nombre, para saber si estás enjaulada en la moncloa, cada vez que salgas le das 100 euros al ciudadano que hay en la puerta del palacio. Seguro que en poco tiempo tiene para comprarse un piso.

paserifo dijo el día 22 de Abril de 2010 a las 02:17:

Para el mal de éxito, ningún oficinal mejor que la lectura reposada de los libros de sabiduría de la Biblia. Eclesiastés, Proverbios, Salmos y algún otro. También son balsámicos algunos pasajes del Manual de Epícteto y la Meditaciones de Marco Aurelio, o bien, las epístolas de Séneca.
Hoy día, se vuelve a poner de moda el libro del Tao de Lao Tse y el Arte de la Guerra de Sun Tzu.
Baltasar Gracián, oriundo de Belmonte de Calatayud, también hizo su aportación a la proto-literatura de autoayuda con su «Oráculo manual y arte de prudencia».
Últimamente, tenemos el best-seller aquel de «El caballero de la armadura oxidada» y «La princesa que creía en los cuentos de hadas». También, pensando en la buena digestión del progre irredento, tenemos la psicología de la Gestalt y los cuentos de Jorge Bucay, los libros para aprender a morir de Kübler-Ross, los libros de Neale Donald Walsh y etcétera. Vamos, que se vaya al Corte Inglés o a una de las miles de librerías y tiendas de temática nueva-era o espiritualidad.


Que ella y Letizia aprendan a no quejarse, que queda fatal.

nw_spain dijo el día 21 de Abril de 2010 a las 23:04:

En román paladino: la mujer de Zetaparo es tan hipócrita como su marido. Es uno de los rasgos características de cualquier progre: la hipocresía elevada al máximo exponente.