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Iván Vélez

Notas fraperas

No parece descabellado afirmar que Pablo Iglesias Turrión, que vio sus primeras luces en Madrid el 17 de octubre de 1978, acusa la impronta frapera que recibió en su hogar.

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En agosto de 2013 supimos, gracias a un trino propio, que a los oídos del niño que por entonces era Pablo Manuel Iglesias Turrión llegaban las notas de la canción de Pedro Faura, pseudónimo de Bernardo Fuster, "Los monarco fascistas". El encargado de musitar aquella composición, obra del mismo Fuster que compuso "La Puerta de Alcalá", era Javier Iglesias, padre del actual vicepresidente del Gobierno, que en aquel mensaje calificó a su progenitor de "frapero". Casi siete años después de aquel tuit, se ha vivido una más que crispada jornada en el Congreso de los Diputados. En ella, Cayetana Álvarez de Toledo cerró su réplica a Iglesias con estas palabras: "Es usted el hijo de un terrorista", en referencia a Francisco Javier Iglesias Pérez, miembro del FRAP detenido el 26 de abril de 1973 y encarcelado dos días más tarde por repartir propaganda ilegal sobre el 1º de Mayo. En junio salió de prisión.

Más allá de las controversias que se producen en el ámbito representativo de la política, el tenso enfrentamiento referido ofrece una magnífica oportunidad para aproximarse a los protagonistas y bases ideológicas del FRAP, pues acaso parte de la ideología manejada por el líder supremo podemita se forjara en aquellas infantiles sesiones musicales familiares domésticas. Nuestra morosa indagación nos conduce a Julio Álvarez Vayo, cuya figura fue rehabilitada en 2008 por el PSOE de Zapatero, tan admirado por Turrión, en aplicación de los ideologizados resortes de la llamada ‘memoria histórica’. Se producía así una restauración política y cuasifamiliar, pues Álvarez Vayo, gracias a su matrimonio con la suiza Erika Cra, fue cuñado del socialista Luis Araquistain, colaborador del Congreso por la Libertad de la Cultura que, un año después de su fallecimiento, publicó en su revista Cuadernos su artículo "El krausismo en España". Aparece de este modo una de las líneas ideológicas constitutivas de la socialdemocracia española, el krausismo, al que no es ajeno Podemos.

Álvarez Vayo fundó, junto a Araquistain y Negrín, la Editorial España en 1920, en la que apareció la obra de Trotski Mis peripecias en España. Ya durante la II República fue nombrado embajador en México. Afecto a Largo Caballero, se convirtió en ministro de Exteriores de la República durante la Guerra Civil, antes de exiliarse en México primero y en los Estados Unidos del Norte de América después.

Hecha esta somera reconstrucción biográfica, hemos de referirnos al Frente de Liberación Popular, organización articulada por el diplomático e ideólogo Julio Cerón, que a partir de 1953, después de un viaje por la URSS y China, contactó con gentes como el propio Álvarez Vayo o Miguel Sánchez Mazas. A estos nombres unió los de destacadas personalidades de la HOAC y JOC, como el cura Tomás Malagón. Un Malagón que no fue, ni mucho menos, el único elemento clerical del Felipe, temprano producto del diálogo cristiano-marxista. Al citado presbítero podemos sumar otros sacerdotes: Francisco Pérez, Miguel Bravo, Joaquín González Echegaray, Ángel Alfonso Herrera e incluso Jesús Aguirre, convertido posteriormente en… Duque de Alba. Además de con aquellos clérigos, Cerón también contó con colaboradores de distinguido linaje. Tal fue el caso de un José Luis Leal Maldonado, facilitador de becas francesas al que probablemente nunca gustó la composición del frapista Pedro Faura, o del hijo de los Condes de San Luis, Nicolás Sartorius. El encarcelamiento de Cerón, tras la Huelga General Pacífica de 1959, cerró esta etapa inicial.

Un lustro más tarde, a partir del Frente Español de Liberación Nacional, Álvarez Vayo fundó en Ginebra el PCE (m-l), partido trostskista maoísta del que el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota supuso una derivación que comenzó a operar a partir de 1971, meses después de que el 18 de julio de 1970 las llamadas ‘fuerzas antifascistas y antiimperialistas valencianas’ lanzaran conjuntamente un llamamiento aglutinador de colectivos de tal condición. A principios de 1971 se constituyó el Comité Coordinador pro Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, integrado por los siguientes grupos: Frente Español de Liberación Nacional; Partido Comunista de España (m-l); Vanguardia Socialista; Comité pro Frente de Madrid –conformado por la Oposición Sindical Obrera, los Comités Antiimperialistas, la Federación Universitaria Democrática Española, la Unión Popular de Mujeres, las Comisiones de Barrio y la Federación de Estudiantes Demócratas de Enseñanza Media–; Unión Popular de Profesores Demócratas y las Agrupaciones de Jóvenes Comunistas (marxistas-leninistas).

Apoyado en esas estructuras nació el FRAP, cuyos puntos programáticos fundacionales fueron:

1. Derrocar la dictadura fascista y expulsar al imperialismo yanqui mediante la lucha revolucionaria.

2. Establecimiento de una República Popular y Federativa que garantice las libertades democráticas para el pueblo y los derechos para las minorías nacionales.

3. Nacionalización de los bienes monopolístico extranjeros y confiscación de los bienes de la oligarquía.

4. Profunda reforma agraria, sobre la base de la confiscación de los grandes latifundios.

5. Liquidación de los restos del colonialismo español.

6. Formación de un Ejército al servicio del pueblo.

A este núcleo inicial se sumaron otros. Uno estuvo radicado en Barcelona y estuvo constituido por el Comité Coordinador en Cataluña, delegados de la Coordinadora de las Comisiones de Barrios de Cataluña, la Agrupación de Jóvenes Comunistas (m-l) de Cataluña, la Unión Popular de Mujeres de Cataluña, la Coordinadora de los Comités Antiimperialistas de Barcelona, varios comités comarcales, la Unión Popular del Campo de Cataluña y la Organización Democrática de Artistas de Barcelona. Un tercer colectivo cristalizó en lo que se denominó País Valenciano.

En los documentos del FRAP se pueden encontrar llamamientos a la lucha armada y a la constitución de una Internacional de la Acción. Consecuencia de sus acciones criminales, que dejaron un rastro de seis asesinatos, el 27 de septiembre de 1975 fueron ejecutados los militantes José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, además de los etarras Juan Paredes, Txiki, y Ángel Otaegui. Apenas un par de meses después, en noviembre, y en sintonía con sus anhelos libertadores populares, que incluían a las nacionalidades españolas, incorporadas a la actual Constitución, el FRAP firmó la Declaración Conjunta de los partidos y organizaciones de oposición al fascismo colonialista español ante la 30ª Asamblea de la ONU sobre la cuestión de Sáhara ‘español’. Su firma estuvo acompañada por las de ETA, el PCE-ml, la Unión do Pobo Galego, el Partit Socialiste d´Alliberament Nacional, el PSOE, el MC, la ORT, el PC (i) y la Juventud Comunista de España-ml.

No parece descabellado afirmar que Pablo Iglesias Turrión, que vio sus primeras luces en Madrid el 17 de octubre de 1978, acusa la impronta frapera que recibió en su hogar. Firme partidario de una república española federal, Iglesias defiende, en gran medida, una versión actualizada de los postulados que sedujeron a su progenitor.

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