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Cristina Losada

Lo peor de la "nueva política"

No puede ser coincidencia que los dos primeros partidos que dieron lugar a que se hablara de “nueva política” estén hoy en crisis. 

EFE

No puede ser coincidencia que los dos primeros partidos que dieron lugar a que se hablara de “nueva política” estén hoy en crisis. Ciudadanos, en una fase más avanzada que puede ser terminal por los efectos sísmicos de la moción en Murcia. Podemos, en un estado menos descompuesto, pero lo suficientemente grave como para que su líder abandone el Gobierno de España y trate de asegurar, vía autonómicas de Madrid, la supervivencia del tinglado. Las razones de fondo por las que estos partidos tuvieron éxito no habrán desaparecido, pero el hecho es que ambos pueden desaparecer como fuerzas políticas relevantes.

Esta crisis casi simultánea no se debe a que haya resucitado de golpe el bipartidismo que tanto fustigaron Ciudadanos y Podemos. Ahí está la consolidación del tercer partido de los nuevos, Vox, para mostrar que hay un espacio político extramuros de la fortaleza que representaron los partidos tradicionales. Y no va a ser sólo en la derecha donde existe ese espacio. La crisis tampoco es efecto de maniobras hostiles especialmente malévolas o inteligentes de los dos grandes, aunque aprovechen cada ocasión que se les brinda para laminar o rematar, si pueden, a sus competidores. Las causas del estado crítico en que se encuentran los dos primeros partidos de la “nueva política” no  hay que buscarlas fuera, sino dentro. En ellos mismos. 

¿Hará alguno de los dos esa reflexión? No tiene pinta. En el que está en peor situación, ni se ha hecho ni se espera. Puede recurrir a culpar a otros. Así elude una introspección para la que quizá no esté preparado. Es el camino que ha elegido la dirección nacional. Y la intervención, en el debate en Murcia, de la dirigente de Ciudadanos que urdió la moción fallida no se aparta del guión. Volvió a la supuesta diferencia entre la vieja y la nueva política, diciendo que el PP representaba “lo peor de la vieja política”, cuando su moción la había negociado con el PSOE, que, hasta donde sabemos, también es de la política vieja. ¿Será que el socialismo murciano es de lo mejorcito que hay de la vieja política? 

Los dos partidos tradicionales ni eran ni son ninguna maravilla. Parte del electorado les ha dado la espalda. El golpe prolongado de la crisis económica, el estallido de la corrupción y los efectos del relevo generacional se unieron a sus errores y fracasos en una tormenta perfecta que a punto estuvo de acabar con ambos. Pero mal que bien lograron seguir en pie y mantenerse cada uno en su campo, salvo en ciertas regiones, como partidos mayoritarios. En contraste, los dos de la nueva política que trataron, en distintos momentos, de superar y suplantar a los mayores, salieron escaldados de aquellos intentos y ya no pudieron recuperar el grado de apoyo que les hizo concebir la ambición del sorpasso. Ese fue un error que pagaron caro, sobre todo Ciudadanos, pero no es lo peor de la nueva política.  

Un inventario de lo peor, si alguna vez se hace, tendrá que incluir su querencia por los vetos, siempre cruzados, su reducción del lenguaje político a zascas y frases hechas mil veces martilladas, el horror a la letra impresa y la veneración de la imagen –muy notoria en la selección de candidatos–; y, ya que hablamos de elegir, su obsesión por introducir primarias y democracia interna para luego distorsionar ambas. Lo peor de todo, no obstante, es que estas tendencias y otras, que llegaron a lomos de la nueva política, tuvieron tanto éxito que la vieja política las ha copiado. No sé si eso tiene vuelta atrás, pero lo que no tiene, ciertamente, es perdón. 

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