Menú
Zoé Valdés

Francia-Marruecos y el Mundial de la corrupción

En las semifinales y finales se deciden —fuera del juego mismo— no pocos objetivos más allá del deporte y sus simplezas y/o controversias.

En las semifinales y finales se deciden —fuera del juego mismo— no pocos objetivos más allá del deporte y sus simplezas y/o controversias.
Mbappe, francés, junto a su gran amigo Hakimi, marroquí.

Es probable que esta columna sea publicada en el momento en que ya conozcamos los resultados del partido de esta noche entre Francia y Marruecos, que pudo haber sido entre Francia y España. Pero, no pudo ser... Dommage!

No voy a entrar en la vulgaridad de desear eso de que gane el mejor pues, aunque la evidencia debiera decantarse en la balanza por lo justo, no siempre gana el mejor, sobre todo cuando la transparencia y la limpieza detrás de telones han brillado por su ausencia y no han sido las principales características de este mundial.

Además, porque también sospecho que en las semifinales y finales se deciden —fuera del juego mismo— no pocos objetivos más allá del deporte y sus simplezas y/o controversias.

No sin estupor, al menos yo, aunque a estas alturas con esta gente cualquier cosa puede suceder, me he enterado, como la gran mayoría, de la corrupción en la Eurocámara relacionada con favorecer a Catar para el Mundial en curso.

El tema de la diputada europea Eva Kaili y las bolsas de billetes han provocado el escándalo por excelencia con el que se recordará desdichadamente el evento deportivo más importante de los últimos tiempos, borrando así, o empañando, los verdaderos propósitos: el deporte, la competición, y el esfuerzo de sus jugadores.

Pero ¿está Eva Kaili sola en esto? No lo creo.

La diputada griega Eva Kaili será la chivita que harán caer, y con su derrumbe se aplacarán rumores; como es habitual se ocultará el auténtico entramado que pudiera existir de corrupción magna dentro de la organización y en su entorno. La UE, el Parlamento Europeo, no pudieron estar ajenos.

Semejante nivel de corrupción y sus consecuencias, no sólo traiciona al deporte, al rigor que lo acompaña, al prestigio de las selecciones, y al esfuerzo de sus concurrentes, sino que por supuesto sienta bases muy sombrías y desprestigian al resto de disciplinas deportivas.

Lo principal: falta al respeto a la confianza de los seguidores, del pueblo que ha creído en el deporte como un espacio de paz, y una vía de desconexión del horror cotidiano: guerra, inseguridad, desempleo, pobreza.

Para más escándalo y para colmo, sucede que cuando Eva Kaili es descubierta, o se hace el paripé de descubrírsela y denunciarla, los medios de prensa se refieran a ella como una "socialdemócrata de derechas".

O sea, vamos a ver, ¿querría decir entonces que desde que roba y mete la mano, ya Kaili dejó de ser tan socialdemócrata para entonces convertirse en derechista?

Como si quisieran vender la guayaba (mentira), que los socialistas puros no se corrompen nunca, que para hacerlo tendrían que ser socialistas un poco o bastante de derechas. Un sinvivir, el sinsentido al descaro.

Sinceramente, esta gentuza de la prensa, de pigistes a lo loco, es lo más aborrecible y aborregado que podamos imaginar sin siquiera poder creer lo que estamos leyendo.

Francia y Marruecos jugarán en unas horas (lo habrán hecho cuando lean este texto) en una semifinal en la que, viviendo en Francia, resulta políticamente incorrecto y hasta podría tornarse peligroso comentar que vas a favor del equipo francés; inclusive si este equipo está formado por franceses de diversos orígenes. No. Se impone el "¡Viva Marruecos!". Y punto en boca. Pues me niego.

No me da la gana. Le voy a Francia, y cuando toque, si tocara la final entre Argentina y Francia, le iré a Argentina, porque, como he escrito antes en las redes sociales, mi patria es mi idioma, así de sencillo; y aunque hablo los dos idiomas, y llevo 32 años exiliada en este país, poseo la nacionalidad francesa además de la española.

Y, al fin, porque pienso de esa manera, porque lo hago desde hace mucho con mi cabeza y no con la cabeza de nadie.

El partido final, lo sé, me pone en una situación difícil. En lo personal, admiro a los dos equipos, aprecio a sus jugadores; pero, por otro lado, me convertiría en ganadora de cualquier manera, gane quien gane. Aunque yo sea yo y la circunstancia de mi lengua materna, lo dejo claro, sin miedo et sans regrets…

Temas

En Opinión

    0
    comentarios