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Enrique Navarro

¿Para qué quiere Ucrania los Leopardo 2?

Zelenski necesita un cambio cualitativo que le permita ganar la guerra antes de verano. Si en otoño no tenemos paz la suerte de Ucrania podría cambiar.

Zelenski necesita un cambio cualitativo que le permita ganar la guerra antes de verano. Si en otoño no tenemos paz la suerte de Ucrania podría cambiar.
Carros Leopardo 2 del ejército polaco. | EFE

Desde que se inventó el vehículo de cadenas de combate, allá por la Primera Guerra Mundial, los analistas militares han puesto en cuestión su utilidad en el campo de batalla. La idea de que los carros de combate han muerto se mantiene viva desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero no debemos olvidar que fueron fundamentales en las guerras de Irak, y que Rusia ha perdido casi dos mil unidades, lo que es una barbaridad, en el conflicto de Ucrania, lo que significa que sigue siendo la pieza fundamental del ejército sobre el terreno.

Pero, ¿por qué Ucrania de pronto insiste en la necesidad de que le transfieran carros Leopardo?, ¿en qué momento del conflicto nos encontramos que hace tan relevante su uso?, y finalmente ¿cuáles son las reticencias aliadas para entregar estos carros? Voy a intentar responder a estos tres interrogantes.

Las razones de Zelenski

Las guerras de desgaste, que es en lo que se ha convertido este conflicto, son ganadas por los más poderosos que mantienen su retaguardia a salvo, sus capacidades industriales más a resguardo y que disponen de más recursos propios para mantener el esfuerzo de guerra. Esto significa, más allá de las condiciones particulares que han acontecido en este año de guerra, que Ucrania depende la continuidad y crecimiento cualitativo de la ayuda aliada; sin este elemento está perdida; pero con esta ayuda, que supone un esfuerzo relativamente pequeño para los aliados, su victoria de Ucrania, y por tanto de todos nosotros, es mucho más posible.

El segundo elemento que debemos considerar es que Ucrania recela mucho de que las democracias –y en particular de Estados Unidos, con un presidente que podría perder las elecciones permitiendo el regreso de los enemigos de Ucrania a la Casa Blanca– mantengan el mismo nivel de compromiso; es decir, Zelenski necesita un cambio cualitativo que le permita ganar la guerra antes de verano. Si en otoño no tenemos una paz aceptable para todos, la suerte de Ucrania podría revertirse por el seguro hastío occidental y esta es la principal baza rusa.

Existe además otro factor que alimenta esta tesis: el convencimiento de que Putin podría morir en un plazo relativamente corto, y que todo lo que se pueda ganar en estos meses serían las victorias que Ucrania podría apuntarse. Zelenski es consciente de que los aliados, con un nuevo líder en el Kremlin, buscarían una solución de compromiso para terminar la guerra, aunque ello suponga renunciar a territorios soberanos. Si Biden entra en campaña en 2024, con la guerra en un destino incierto, Rusia se vería en una situación de privilegio para mantener posiciones y esperar la llegada de los republicanos.

En conclusión, Zelenski necesita llegar al verano con grandes ganancias territoriales para poder imponer unas condiciones beneficiosas para su país y para ello necesita los Leopardo.

La ofensiva rusa en el Donbás no es muy significativa, apenas algunas pequeñas conquistas por los mercenarios de Wagner, una fuerza sin gran capacidad de fuego. Los rusos pueden poner toda su fuerza de combate sobre un punto sin tener que preocuparse del resto de su línea, ya que Ucrania no tiene capacidad para atacar un frente amplio. Los carros Leopardo con sus sesenta y dos toneladas, su alcance de fuego de casi tres kilómetros y su velocidad de 70 kilómetros hora, son una fuerza increíble si y solo si se tiene el control del espacio aéreo, ya que son muy vulnerables y en el campo de batalla necesitan de soporte aéreo, que ahora Ucrania no puede dar, y deben moverse muy rápido para evitar las defensas anticarro. Pero en cualquier caso, quinientos Leopardo o similares en poder de los ucranianos obligarían a Rusia a replantear toda su ofensiva y a desplegar cientos de miles de hombres para cubrir un frente de casi quinientos kilómetros.

Los problemas

Sin embargo, existen problemas muy significativos para hacer realidad este apoyo. Comencemos por lo más simple: la disponibilidad y el coste. Igual que un avión no vuela o una fragata no salen a la mar sin su dotación completa y en perfectas condiciones, un carro de combate no tiene una operatividad inmediata. De hecho para España, poner su flota de 219 carros de combate totalmente operativa requeriría de una inversión de decenas de millones y de varios meses.

Es decir para entregar carros hay que elevar su capacidad operativa ya que en la actualidad los créditos para mantenimiento de vehículos acorazados no llegan al 10% de los estándares necesarios. Esta problemática afecta a casi todos los países europeos. A ello se une que todos los ejércitos han reducido drásticamente sus flotas de carros. España, por ejemplo, pasó de tener casi 1.000 en el año 2000 a apenas 219 en la actualidad, lo que supone que no hay gran disponibilidad remanente.

Además, hay que tener en cuenta que los carros que se entreguen no regresarán, es decir, que habría que invertir adicionalmente a la puesta en operación, unos 10 millones de euros por carro entregado para ser reemplazado. Lo habitual es tener en condiciones plenas de operación alrededor de un 20% de la flota, lo que significaría que la inversión necesaria para la entrega de unas cincuenta unidades significaría una inversión de unos quinientos millones para el contribuyente occidental.

La segunda cuestión es logística; hay que llevar los carros en camiones góndola al frente, ya que las líneas férreas son escasas; es decir, que harían falta ferrocarriles hasta el Dniéper, cruzar el rio de casi un kilómetro de ancho y desplegar camiones que pueden llevar apenas un carro por viaje, y todo esto sin dominar el espacio aéreo. La escabechina que podrían hacer los rusos con los carros antes de que estén operativos en el frente sería enorme. De ahí que, para que todo este esfuerzo no se quede en aguas de borrajas, sea muchísimo más importante que Ucrania disponga antes de este hipotético despliegue de un sistema de defensa área eficaz. Luego harán falta decenas de camiones cisterna y de vehículos de recuperación. En resumen, que desplegar quinientos carros requiere de una logística enorme que Ucrania no tiene ni tendrá. Pensar en una combinación de carros Abrams norteamericanos de gasolina y europeos de gasoil sería una auténtica locura logística y operativa.

El efecto puede ser brutal

Pero si el ejército ucraniano consigue desplegar en el frente del Donbás unos trescientos carros, y dispone de suficiente material antiaéreo para disuadir a los helicópteros y aviones rusos de salir al frente, entonces el efecto puede ser brutal. El problema del frente del Donbás es que se trata de una línea de quinientos kilómetros y como mucho cada fuerza puede golpear en un punto, en la seguridad de que el enemigo no va a romper sus líneas. Pero si Ucrania despliega un elemento que se mueve a 70 kilómetros por hora y con una capacidad de fuego endiablada, al primer descuido ruso, se encontrarían con la misma ruptura de líneas que Patton consiguió durante la Operación Cobra en Avranches entre julio y agosto de 1944, que le llevó en dos semanas a París, y no llegó a Berlín en un mes por la cuestión logística y por la política.

Este es el gran objetivo ucraniano, romper la línea rusa en el este, producir una desbandada generalizada y terminar con la invasión. Para ello necesita de la concatenación de muchos factores que no son sencillos, pero en todo caso serían posibles si realmente Occidente duplica su esfuerzo militar con aviones de combate, sistemas de defensa, carros, artillería y una logística perfecta. Difícil pero no imposible, y esta es la gran oportunidad que Zelenski quiere aprovechar.

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