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Antonio Robles

Irene Montero, cómplice necesaria

Poner rostro humano, el rastro del violador, a la frialdad de los números, serviría para contrastar su impostura ideológica.

Poner rostro humano, el rastro del violador, a la frialdad de los números, serviría para contrastar su impostura ideológica.
La ministra de Igualdad, Irene Montero. | EFE

A la luz del enfrentamiento político provocado por Ley del "solo sí es sí’ y sus efectos indeseados hasta alargar a un día antes del 8 de Marzo la aprobación de su reforma en el Congreso, una cosa queda clara, lo único que puede ser relegado para este gobierno es el dolor y el miedo de las víctimas. Y su reflejo nos desvela dos evidencias: la camada de Podemos la agitan mujeres de belleza radical, pero la dirige un macho alfa. Tanta monserga empoderada y al final quien ha forzado alargar el enfrentamiento con el PSOE hasta un día antes de "el 8 de Marzo" ha sido Pablo Iglesias, un macho con pelo en pecho y harén asegurado. Todo lleva su sello. El tipo más anacrónico de la política española es un Rasputín de libro que concibe la política como un revolucionario decimonónico donde la democracia es un señuelo y los medios, cualesquiera que sirvan para eliminar al adversario. Por cualquier medio. Sin descartar la violencia si ésta la permitiesen las circunstancias. La psíquica hace años que la utiliza.

La otra evidencia nos la ha mostrado el otro macho alfa ante el hundimiento electoral provocado por los efectos indeseados de una ley desquiciada. Pedro Sánchez y los suyos, como Pablo Iglesias y las suyas, por idénticos motivos y distintas estrategias, decidieron marcar territorio ante las dos citas electorales inminentes. Aunque en este caso, quien lo ha marcado a sangre y fuego, sin disimulo algo, ha sido Pablo Iglesias. El territorio radical es suyo, y sus círculos se habían difuminado tanto que amenazaban con desdibujarse y desaparecer en manos de YoYolanda la Equidistante. La más populista y lagarta del neocristianismo comunista.

Y en todo ese mondongo de obscenidad política, vuelvo a subrayarlo, lo único relegable es el dolor y el miedo de las mujeres agredidas, violadas o asesinadas. Como si la tragedia de las mujeres violadas sólo fueran medios para vender ideología y nichos electorales. Las excarcelaciones y las reducciones de condenas se han convertido en una estadística. En un mero recordatorio sin alma. Un territorio que incluso estas Juanas de Arco de pega se permiten denigrar a risotadas, o arrojarlas a la supuesta mala fe de los jueces "fascistas" (curioso que siendo el porcentaje en la carrera judicial un 60% de mujeres, no utilicen el lenguaje inclusivo en su descalificación). ¡Qué facilidad la suya para identificar como fascistas a todo quien no siga su credo!

Ante la frialdad de las cifras y la obscenidad política, los medios de comunicación deberían empezar a publicar las tragedias y sus circunstancias ocasionadas por los violadores que van saliendo a la calle o viendo reducidas sus penas, para mostrar el horror que el ruido político y las estadísticas ocultan. Darles vida a las tragedias de tantas mujeres violadas y olvidadas para dimensionar el doble dolor que vuelven a sufrir y arrojárselo a todos estos traficantes políticos en su miserable comportamiento. Porque no olvidemos que Irene Montero, como cada uno de los que siguen especulando con su dolor, es una cómplice necesaria de cada violación y agresión sexual abortada o reducida por una Ley que debería haber sido paralizada o reformada con la primera reducción de pena o excarcelación. Poner rostro humano, el rastro del violador, a la frialdad de los números, serviría para contrastar su impostura ideológica. Una manera de que esas tragedias de carne y hueso se convirtiesen en pesadillas para todos los politicastros que han tomado en vano su sufrimiento.

Pero quizás lo más dramático de tanta impostura sea el empeño de Irene Montero y su corte de adanistas en romper la columna vertebral del derecho moderno basado en la presunción de inocencia. Si en nombre del consentimiento se pervierte la carga de la prueba, nadie está a salvo de la acusación de una mujer despechada. Sabemos que es dramático, y a menudo frecuente, que en el terreno sexual donde sólo están presenten víctima y agresor, la primera está en clara indefensión si no hay pruebas empíricas más allá de su palabra; pero aplicar, como pretenden las Savonarolas de este vendaval de odio e ignorancia, el consentimiento explícito como garantía, se convierte en una probatio diabólica. Es decir, obligaría al acusado a demostrar su inocencia contradiciendo su derecho a ella si no se demuestra lo contrario. Y nos abocaría a un abuso mayor, dejar en la arbitrariedad total la defensa de todos. Porque si bien, en el tema de las agresiones sexuales, la emoción aparejada ciega los ánimos, ¿por qué no eliminar la presunción de inocencia en cualquier otro caso donde las emociones nos cieguen con la misma intensidad? Estamos a merced de juicios de Dios, pero en manos de sacerdotisas de carne y hueso. Con toda la casuística de venganzas en un terreno tan complejo, como es el amor y el despecho, las relaciones de pareja y los desencuentros, las mil y una modalidades sexuales como fuente de conflictos… una casuística imposible de reglar y reducir a esa simplicidad del sólo sí es sí.

PD: Por primera vez en la historia de España, el feminismo se ha dividido en el Día Internacional de la mujer (2023). Pero no el Gobierno. Ni ceses ni dimisiones. Más que un gobierno parece un Cártel de intereses ideológicos unidos por el poder. Todo muy edificante. Y mientras tanto, como buenos occidentales opulentos, derrochamos las energías que deberíamos utilizar para ayudar a millones de mujeres en Afganistán, en Irán, en Etiopía…encarceladas en vida, pisoteadas por libros sagrados y esclavizadas por sus propios maridos y hermanos. La zanja es tan obscena que dan ganas de vomitar viendo a tanta niñata occidental desvirtuar la noble lucha de la igualdad ante la ley que el feminismo occidental ha librado en las peores circunstancias.

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