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Antonio Robles

Inmersión, odio, xenofobia y Unión Europea

En Cataluña el problema no es la lengua, en Cataluña el problema es la demarcación de clase, es el catalanismo como instrumento de apropiación del poder.

En Cataluña el problema no es la lengua, en Cataluña el problema es la demarcación de clase, es el catalanismo como instrumento de apropiación del poder.
La presidenta de la ANC, Dolors Feliu, durante acto celebrado frente a la sede de la representación del Parlamento Europeo en protesta por la visita de la delegación de eurodiputados que durante tres días ha analizado la inmersión lingüística en dos escuelas catalanas para investigar el modelo linguistico de la enseñanza catalana. EFE/Andreu Dalmau | EFE

Hemos necesitado 44 años de Resistencia al apartheid lingüístico en defensa de los derechos civiles en Cataluña para lograr que la Unión Europea emita un informe donde dictamina lo evidente: en Cataluña se discrimina por razón de lengua.

El informe completo y el extracto que la Asamblea por una escuela Bilingüe (AEB) ha hecho confirman lo que durante cuatro décadas hemos venido denunciando; es decir, el racismo cultural que ningún gobierno español quiso enfrentar nunca. Afortunadamente ahora se unen muchos medios que nunca se hicieron eco del abuso o lo negaban directamente. Habiendo ya tantas manos, prefiero incitarles a ir más allá de la lengua. Y centrarme en la ideología que la está utilizando como arma de guerra.

En Cataluña el problema no es la lengua, en Cataluña el problema es la demarcación de clase, es el catalanismo como instrumento de apropiación del poder sobre la tierra que consideran sólo suya, frente a los "nouvinguts" o extranjeros. Es tan antigua la evidencia, que ya en 1997 escribía la estrecha relación que hay entre la instrumentalización de la lengua y la marginación social en Alienación lingüística y marginación social. Pero entonces se guardaban la altivez sobre el extranjero con sibilina hipocresía para despreciarlo con buena conciencia. Esos extranjeros, por antonomasia eran y son, antes que nadie, españoles. El resto de extranjeros no ofrecen resistencia lingüística ni de clase. Con una excepción, los hispanoamericanos. Tienen la manía de hablar español. Y ahí está el problema, en "su" lengua. O su "oportunidad" si son sumisos.

En una sociedad que no tiene diferencia alguna con el resto de España, ni en religión, ni en apellidos, ni en el color de la piel, ni en el sistema político, ni en la gastronomía, ni en las costumbres, hasta el punto de que su primera lengua es el español (53% de su población), toma a la lengua catalana (31%) como coartada, como signo de identidad y patente de corso. Por eso, la lengua sólo es el instrumento de demarcación que utiliza la ideología catalanista para lograr sus objetivos. La causa por tanto de la discriminación lingüística es, paradójicamente, la ideología que utiliza como ariete para lograr sus objetivos, o sea, el catalanismo. Por cierto, un invento de finales del S.XIX que degeneró primero en nacionalismo y después en separatismo. En realidad es un mismo engendro con diferentes disfraces.

¿En qué se basa el catalanismo? En el victimismo. Una sociedad que jamás fue nación, se pone de puntillas sobre su minoría lingüística como crisol y encarnación del tesoro cultural de sus antepasados y lo enlaza con la llama catalanista que la lengua ha logrado mantener como un hilo de Ariadna entre lo que fuimos y lo que somos. En consecuencia, oponerse a nuestros ancestros, como nos dice el catedrático de catalán Jesús Royo, aragonés castellanohablante que en otros tiempos quiso ganarse el derecho a la ciudadanía colaborando con la lengua del amo, "oponerse a la causa del catalán es una vileza, una inmensa falta de sensibilidad, es contribuir a una pérdida de incalculable valor, es una maldad injustificable contra un ser débil y desprotegido" (Las lenguas Catalanas. Punto Rojo Libros S.L). Puro acoso moral.

He ahí el lloriqueo del catalanismo, la ideología que ha logrado que todo el arco parlamentario catalán, de izquierdas a derechas nacionalistas, (ambos catalanistas) sea una ideología blanca, pura, crisol de Cataluña, cuando es una ideología supremacista, xenófoba, y a menudo constituida por gentes que se consideran la sal de la tierra. El catalanismo es una nueva teología que lo justifica todo, incluido cortar el cordón umbilical de la lengua que une a los niños castellanohablantes con sus padres para inmolarlos en la construcción de una nación monolingüe. "La inmersión es la plasmación de la ideología catalanista en la piel de los alumnos", nos insiste Jesús Royo. ¿Para qué? Para conseguir su integración. Aunque en realidad sea pura asimilación para lograr que el catalán se convierta en la lengua familiar. Frente a esa sociedad estamental, ¿dónde queda aquí la sociedad de ciudadanos iguales ante la ley? La lengua no tiene derechos, los tienen los ciudadanos, la lengua es un instrumento, un instrumento muy útil, íntimo, emocional si quieren, pero jamás podrán suplantar los derechos cívicos que solo los ciudadanos de carne y hueso poseen. Por ello, los colectivos no tienen derechos, los tienen uno a uno los individuos que los constituyen. Por lo mismo, en el respeto al ciudadano individual va incluido el respeto a su lengua.

¿Por qué les cuento todas estas melonadas? Porque la euforia desatada en el mundo castellanohablante y en los medios tras el informe de la UE instando a la Generalidad de Cataluña a respetar el derecho de los niños castellanohablantes a estudiar en su lengua no se corresponderá con el respeto correspondiente. Ni siquiera el 25%. Harán lo imposible para que no se generalice.

Desde que en 1981 se publicara el "Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos" y la impertinencia acabara con el secuestro y un tiro en la pierna a uno de sus firmantes, se han dado mil batallas, se han ganado más de 30 sentencias en los Tribunales a favor del derecho a recibir la educación en español, y se ha recurrido a docenas de instancias institucionales, desde el Sindic de Greuges en Catalunya al Defensor del Pueblo en España; o como ahora, a la Unión Europea. Jamás, ni las instituciones catalanas, ni el Gobierno español (ningún gobierno español) han hecho nada por hacerlas cumplir.

Ahora es peor, el catalanismo que pudrió Cataluña se ha extendido en metástasis a toda España. Y el PSC ha hecho lo propio con el PSOE. Ahora no será solo el Gobierno de Cataluña quien descalificará a los castellanohablantes catalanes en Europa, lo hará el propio Gobierno de Sánchez, será el presidente de España quién arrastrará la mayor indignidad a la Unión Europea.

No escribo esto para desanimar, sino para realzar el valor inmenso que tienen todas las organizaciones en defensa de los derechos civiles en Cataluña y en el resto de España, que han hecho posible este triunfo en Europa. En particular Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB) por su protagonismo. Y porque estamos más cerca de ganarnos el respeto debido. Si el catalanismo ha logrado engañar a todo el mundo durante tanto tiempo es porque su contraste con los cuarenta años de franquismo logró una hegemonía moral inmerecida. Pero ese cuento, como todos los cuentos podridos, tienen fecha de caducidad. Nadie es más que nadie, dice un refrán castellano. Ni siquiera los nazis de almas, esos pederastas de parvularios que no soportarían ni un segundo tal trato al revés.

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