Las lágrimas de Alegría no convierten en calumnia la crítica al Gobierno
Las lágrimas de Alegría no borran los indicios de que Ábalos colocara a dos "amigas" en empresas públicas y la responsabilidad in vigilando de Sánchez.
Todos los miembros de todos los gobiernos de cualquier país del mundo son a menudo objeto de insultos y vejaciones y víctimas de falsas "informaciones" que no son otra cosa que calumnias e injurias que atentan ilegítimamente contra su honor. La diferencia está en que, mientras en las democracias estos hechos se desmienten en los medios de comunicación y, si procede, se denuncian ante los Tribunales de Justicia, que son los que determinarán si estas descalificaciones constituyen un delito no amparado por la libertad de expresión o bulos injuriosos y calumniosos no amparados por el derecho de la información, en los regímenes autoritarios se recurre a la censura o a la represión bajo la premisa de que toda critica o descalificación a los miembros del gobierno constituyen un delito.
En este sentido, la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, hará muy bien en emprender acciones legales por la, ciertamente, execrable y soez "catarata de insultos y vejaciones" que ha recibido a raíz de la presunta fiesta con prostitutas de la que se acusa al exministro de Fomento José Luis Ábalos de haber celebrado en el Parador de Teruel en 2020; presunta fiesta de la que Alegría, con la voz entrecortada y a punto del llanto, ha vuelto a negar "rotundamente" haber tenido conocimiento o haber ocultado nunca. Es más. Ese derecho a recurrir a los tribunales le asiste también al propio Ábalos si esa supuesta fiesta con fulanas, en la que se dice que se causaron destrozos en el Parador, no es otra cosa que un infundio.
Ahora bien. Lo que no cabe es aplicar un doble rasero en función de si la vÍctima de estos supuestos delitos atentatorios contra el honor es un hombre o una mujer o si la vÍctima de los mismos es un gobernante de un determinado partido político u otro. Todas las personas, sean varones o mujeres, tienen un mismo derecho al honor y todas las personas, sean varones o mujeres, pueden perpetrar esos delitos haciéndose merecedores de un mismo reproche penal, social o político.
Sin embargo, a pesar de que muchas gobernantes o cargos femeninas del PP y de Vox han sido destinatarias de descalificaciones tan denigrantes como los que Alegría ha recibido, jamás la portavoz del gobierno o cualquier alto cargo del PSOE las ha condenado.
Con todo, peor aun sería que el gobierno aprovechara estas descalificaciones contra Alegría para reavivar las pulsiones censoras y liberticidas con las que Pedro Sánchez volvió de su retiro de cinco días en julio del año pasado. "Machismo", los "bulos" y la "difamación" de los "pseudomedios" son expresiones con las que Sánchhez descalifica a quienes denuncian los casos de corrupción que afectan a su esposa, a su hermano o a miembros de su gobierno. Y es que meter en el mismo saco los soeces improperios o los bulos que se pueden propagar en internet, cobardemente parapetados en el anonimato, por un lado, con informaciones contrastadas y pruebas indiciarias que han dado pie a procesos judiciales, por otro, es propio de quien acaricia transitar de un gobierno democrático a uno autoritario.
Y, desde luego, el hecho de que Ábalos celebrara o no dicha fiesta en el mencionado Parador de Teruel o de que Pilar Alegría tuviera o no conocimiento de la misma, no borra ni las pruebas indiciarias de que el ex número dos de Sánchez colocara en empresas públicas a dos de sus "amigas" ni la responsabilidad "in vigilando" del presidente del gobierno por no haber evitado que tal hecho sucediera.
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