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Anna Grau

Totalitarios júnior

Si la juventud se muestra cada vez más inapetente y desagradecida con la democracia, a lo mejor el problema no está en el público, sino en el producto

Alumnos acuden este miércoles al aulario de las Nieves del Campus de Vitoria, uno de los lugares donde más de 13.300 estudiantes de Bachillerato y FP se examinarán a lo largo de tres jornadas en las pruebas de Evaluación para el Acceso a la Universidad (EAU) del País Vasco. | LD/Agencias

Andan alborotados en Cataluña con una encuesta del Institut Català Internacional per a la Pau (ICIP) -un organismo público teóricamente independiente, aunque creado por el Parlamento catalán y financiado por la Generalitat- que ha detectado, o creído detectar, un alarmante giro hacia la extrema derecha de los jóvenes catalanes de entre 18 y 24 años. Más ellos que ellas, pero en fin: "sólo" un 36 por ciento de los chavales encuestados creen que la democracia es preferible a ninguna otra forma de gobierno. El resto cree lo contrario, o directamente pasa del tema, o se abstiene de contestar.

La misma encuesta acredita un aplastante escepticismo juvenil hacia el supuesto axioma de que la democracia equivale a garantía de progreso, así como un supuestamente alarmante repunte del machismo entre los jóvenes varones.

Vamos por partes. Las encuestas, encuestas son, no evangelios, menos cuando quien las plantea y quien las cocina parte de un evidente sesgo previo. ¿Por qué se supone que todos los jóvenes con fantasías totalitarias son de extrema derecha? ¿Qué pasa con la extrema izquierda? ¿Acaso a esos no les aburre la democracia de toda la vida también? Nada más hay que oír a Pablo Iglesias cuando propone controlar todos los medios de comunicación desde el Estado, al estilo chino, o a Yolanda Díaz cuando defiende sin complejos no ya la inquiokupación, sino directamente la inquiexpropiación.

En las últimas elecciones en Alemania quedó clarísimo que la franja más joven de votantes, o votaba a la extrema derecha, o votaba a la extrema izquierda. De lo que no querían saber nada era de la moderación o del centro. Si retrocedemos en el tiempo, veremos que por desgracia no es la primera vez. En los años 30 del siglo XX, el joven que no era fascista, era comunista. Lo que les costaba, lo que menos les salía, era cargarse de la paciencia necesaria para ser sufridamente demócratas.

La democracia, si lo piensas, es como el sexo: no cuenta tanto, o no sólo, el qué, como el cómo y sobre todo, el con quién. No creo yo que los jóvenes rechacen tanto la democracia como el uso torticero y a menudo hipócrita, por no decir vicioso, que se hace de ella. La impaciencia de la edad hace el resto.

En cuanto al nuevo auge del machismo: no sé si ustedes han visto esa serie tan aclamada, "Adolescencia". Yo sí y sólo entonces me enteré de que existe el movimiento incel: jóvenes varones que se consideran condenados a un celibato involuntario por ciertas derivas muy agresivas del feminismo, a las que pueden acabar respondiendo con una violencia misógina brutal. De nuevo volvemos al ojo del huracán. Quizá el problema no es el feminismo en sí, sino la adulteración del mismo a cargo de irresponsables lideresas (y algún lidereso) wokes que parecen no tener nada mejor que hacer que fiscalizar hasta lo intolerable la vida privada y ver agresiones sexuales en los pucheros. Dejando paradójicamente impunes muchas de las que realmente sí se producen.

En resumen: caben pocas dudas de que el objetivo de una encuesta así, más que aclarar nada concreto, es tratar de movilizar a los jóvenes abstencionistas y pasotas a votar a la izquierda, para contrarrestar a sus coetáneos de derechas. El totalitarismo sólo da miedo si lleva determinada etiqueta. Todas las otras denominaciones de origen no sólo pasan el corte de la corrección política, sino que hasta hacen gracia.

Pues muy mal. O todos demócratas, o no lo es ninguno. Si la juventud se muestra cada vez más inapetente y desagradecida con la democracia, a lo mejor el problema no está en el público, sino en el producto. A lo mejor están hartos de oír promesas vacías, soflamas huecas, anatemas ridículos. El totalitarismo no es ninguna ideología concreta. Es una actitud. Es la pavorosa tempestad que cosechamos cuando sembramos vientos de odio y de mala fe.

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