Un destello avisará de la manipulación
Manipulaciones y sesgos ha habido siempre, pero nunca tanta gente, y tan de altos vuelos periodísticos, ha estado dispuesta a justificarlos.
El vídeo de Trump manipulado por la BBC es una demostración de que el periodismo tiene poco que temer de la Inteligencia Artificial, a la que tantas veces se presenta como una amenaza para el oficio. El periodista humano, con su inteligencia real, es capaz de hacer las mismas malas cosas que pueden hacerse con la IA con procedimientos rudimentarios. Un corta y pega de un vídeo de un discurso poniendo frases que se dijeron en el minuto 6 unidas a frases pronunciadas en el minuto 50, se podía hacer antes de la IA. La condición necesaria, cuestiones técnicas aparte, es la voluntad de hacerlo, que está relacionada con la finalidad. Y la finalidad del vídeo eufemísticamente "editado" por la BBC era dejar claro, clarito que Trump había exhortado a la multitud que le escuchaba a asaltar el Capitolio. Es decir, violentamente. La dirección de la BBC ha asegurado que la palabra "pacíficamente" que adjuntó Trump a su llamamiento a ir a animar a sus congresistas no se eliminó de forma deliberada. ¡Menos mal!
La novedad relativa del episodio que ha sacudido a la gran cadena británica y mundial, que en teoría fundaba su prestigio en la independencia y la objetividad, no está tanto en la manipulación en sí, como en las justificaciones que se han entonado. Uno de los directivos dimitidos a raíz del affaire ha sostenido, por ejemplo, que el propósito de la "edición" del vídeo era el de ofrecer una versión condensada de aquel discurso de Trump. No hicieron el corta y pega con malas intenciones, venía a decir, lo hicieron para sintetizar un rollazo de una hora en unos minutos. Que la síntesis hiciera aparecer el discurso como una incitación a la violencia, bueno, es casualidad. Salió así como podía haber salido de otra forma. Pero esta es la justificación moderada.
Hay otras más intensas y preocupantes. Como decir que aquel discurso, según opinión general, desencadenó el asalto al Capitolio y que era legítimo relacionar las palabras de Trump y el asalto en el reportaje. Aunque para ello tenga que recortarse el material a la medida a fin de que todo encaje y quede bien visible la relación causa-efecto que "la opinión general" da por sentada. O: como decir que el corta y pega "no desentonaba con lo que Trump pretendía hacer, que era incitar a la multitud a la ira" (Jeff Jarvis, periodista experto en la transformación mediática, en El País). Por tanto: yo decido cuál era la intención de Trump - siempre sin preguntarle - y a partir de ahí hago con la materia prima lo necesario para que confirme la intención que yo había decidido que tenía.
Manipulaciones y sesgos ha habido siempre, pero nunca tanta gente, y tan de altos vuelos periodísticos, ha estado dispuesta a justificarlos. Antes se ponía a los hechos en contexto para que pudieran entenderse o, con frecuencia, para favorecer una determinada interpretación. Pero eso es del mundo antiguo. Los nuevos manipuladores defienden que es lícito alterar los hechos para que se ajusten a la interpretación que se pretende. Lícito y necesario. Si acaso, como decía la dirección de la BBC que se debía haber hecho en el vídeo "editado", habrá un aviso en forma de destello para que el espectador sepa que ahí se ha manipulado. Y mientras, la gente, preocupada por que la IA le pueda colar vídeos falsos.
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