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Enrique Navarro

Ucrania: La paz es posible

Europa sola nunca va a revertir el curso de la guerra, podría eternizarla. Sin EEUU nunca habrá presión suficiente para forzar la voluntad de Putin.

Zelensky y Trump durante un encuentro en la Casa Blanca. | EFE

El plan de veintiocho puntos presentado por los representantes de Estados Unidos y Rusia para el fin de la guerra en Ucrania, es la mejor y quizás última oportunidad de Ucrania y de Europa de tener una derrota digna, pero significa algo más, supone la suspensión de la Alianza Atlántica mientras al menos que Trump sea presidente y el reconocimiento de que el uso de la fuerza y la violencia pueden obtener resultados en este siglo XXI

El propio Zelenski es consciente de que con Europa sola nunca va a revertir el curso de la guerra, podría eternizarla pero ¿para qué? Sin Estados Unidos, nunca habrá presión suficiente para forzar la voluntad de Putin, y esta es la primera realidad que debe asumir.

Ucrania, como tantos otros países pequeños a lo largo de la historia, se ha quedado sola, porque esta guerra podría cambiar de rumbo si Europa se involucrara muy activamente, pero nadie en el Viejo Continente estará dispuesto a poner vidas humanas por salvar una región de la que solo han oído hablar por los inmigrantes llegados a Europa.

El plan supone traspasar líneas rojas para Ucrania, pero todos éramos conscientes de que tendría que renunciar a territorio, como ya pasó en Crimea, y nadie levantó la voz ni se vio ningún problema. Pero, a diferencia de como muchos medios señalan, Rusia no sale victoriosa del todo, también es una victoria amarga para Putin. Su objetivo era anexionarse Ucrania, y apenas ha avanzado respecto de las posiciones de 2015, y se anexiona una región desolada y vacía, de mayoría prorrusa, que lo fue durante siglos. Verá como parte de sus activos se utilizan para reconstruir a su enemigo y permite su acceso a la Unión Europea lo que sin duda es la mayor garantía de seguridad que pueda recibir la Ucrania del Oste y seguramente de prosperidad.

La paz a cambio de territorios parece un deseo alcanzable y Ucrania no está para continuar resistiendo ni un invierno más, y esta es la principal razón para Zelenski que comienza a verse debilitado y que necesita algo que ofrecer a su pueblo para continuar liderándolo, lo que a corto y medio plazo es la mayor garantía de seguridad para Ucrania, manteniendo lejos su política de las garras del Kremlin.

Cien mil millones para la reconstrucción, el apoyo occidental, la entrada en la Unión Europea y poder disponer de un enorme ejército de 600.000 efectivos no es un mal resultado para Ucrania en las actuales circunstancias, lo que aventura que podríamos terminar el año con un alto el fuego.

Los veintiochos puntos abren, como no puede ser de otra manera, vías a la futura cooperación entre Occidente y Rusia, ya sabemos bastante de los sanciones a agresores que solo sirven para provocar otra guerra, y una mayor integración económica es el mejor antídoto contra las guerras.

Para Europa es una paz amarga, pero no debemos verlo como una claudicación ni como un desastre. Europa ha conseguido una enorme unidad y se ha volcado en un conflicto contra Rusia como nunca imaginamos, aunque tengo la impresión que de los planes de rearme, nunca hubo mucho convencimiento. La economía europea se enfrenta a enormes retos y el coste del rearme y de la guerra de Ucrania serían demasiado altos como para compensar a las sociedades europeas de la recesión a la que nos conduciría semejante esfuerzo. La continuidad de la guerra en Ucrania nos costaría a los europeos al año unos 100.000 millones de Euros y seguramente no servirían para nada.

Es un acuerdo con suficientes garantías para que Europa se plantee qué relación militar quiere y puede tener con Estados Unidos, para que analice qué esfuerzo militar necesita frente a una Rusia que ha tenido que claudicar ante un país pobre y atrasado tecnológicamente como Ucrania y para que se redefina internamente sobre los equilibrios de poder entre las grandes capitales europeas.

Europa tiene un reto mayor que la amenaza de Rusia, que es no perder el tren tecnológico con Estados Unidos y China, y toda distracción de recursos que no se dirija a este fin es dilapidar nuestros escasos activos y mermará nuestra seguridad.

Dos cuestiones quedan al final en el aire en esta propuesta. El acuerdo habla de que Estados Unidos mediará entre la OTAN y Rusia, ¿significa esto una desconexión de Estados Unidos con la OTAN, nacida y existente para combatir a Rusia, con quien Washington pretende establecer un fluido cauce de colaboración económica y comercial? ¿Es un subterfugio que se arroga Estados Unidos para ser juez y parte? Seguramente nunca tendremos la respuesta. ¿Qué va a pasar con los programas de rearme europeos?

No creo que Trump vaya a presionar a Europa para incrementar su gasto militar al 5% ni al 2% si ya el enemigo potencial de dicha inversión se convierte en su aliado, así que salvo aquellos países que conocen bien a Rusia y se hallan más cerca, el resto de los europeos reduciremos nuestros planes de armamento de forma inmediata para atender las numerosas necesidades. El auge del populismo en Europa necesita, para ser combatido, de recursos y no de argumentos, y los gobiernos europeos necesitan devolver la seguridad, la prosperidad económica y el estado de bienestar a los europeos sino quieren verse arrastrados a una ola de nacionalismo y extremismo que sería letal para todos.

Tampoco podemos regresar a un pasado desmilitarizado de golpe, pero a medida que el tiempo y los acontecimientos se vayan produciendo y si realmente Ucrania del Oeste prospera, la seguridad se asienta, Putin envejece, Trump piensa en la jubilación en Florida y nos reenganchamos al tren económico y tecnológico internacional, podemos pensar en un futuro con cautelas, pero algo más optimista. Las próximas décadas pueden traer cambios radicales, incluso de alianzas para Europa, de nuevos grandes liderazgos dentro de la Unión Europea y nuevos retos. La amenaza de Rusia siempre estará ahí, pero hoy sabemos que no es el enorme gigante que creíamos durante sesenta años, y a poco que hagamos las cosas bien, podremos garantizar una Europa en paz y seguridad, no perfecta, pero suficiente para las aspiraciones de todos.

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