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El tirano, el lunático, el teórico del Derecho y un consejo de Tucídides

El exceso de arrogancia o el idealismo ingenuo llevan al desastre.

El exceso de arrogancia o el idealismo ingenuo llevan al desastre.
Una persona viste una camiseta con la imagen del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con la frase "Capturado" durante una manifestación en apoyo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, este domingo en Houston, Texas (Estados Unidos). | EFE

Cuando el lunático Trump capturó al tirano Maduro, algunos nos alegramos. Casi nadie en la izquierda, claro, ya que desde 1989 los socialistas ven cómo van cayendo sus paraísos de sangre. Pero no olvidamos las lecciones de la historia, en concreto cuando el lunático Robespierre quitó de en medio al rey absoluto Luis XVI o el todavía más lunático Jomeiní se instaló en el palacio que había sido del dictador sha de Persia. Todo fue a peor. Alegrarse de la eliminación del tirano no significa automáticamente ponerse del lado del lunático que habitualmente termina siendo un déspota todavía peor.

Tras el derrocamiento de Maduro, Trump rápidamente se opuso a María Corina Machado y a una sucesión democrática para Venezuela, aliándose con la guardia pretoriana de Maduro, en especial con Delcy Rodríguez, una terrorista que tiene prohibida la entrada en la UE como bien saben sus aliados Pedro Sánchez y José Luis Ábalos. Según el Washington Post, Trump se la tiene jurada a María Corina Machado porque considera que esta debió renunciar al Nobel de la Paz para que lo ganase él mismo. Esta versión sobre el lunático presidente de EE. UU., que ahora amenaza a Dinamarca y la UE con la vista puesta en la invasión de Groenlandia, es plausible, pero más factible es pensar que Trump no quiere una democracia liberal para Venezuela porque no está interesado en promover los derechos humanos en el país, sobre todo el derecho a la propiedad privada, porque ello iría en contra de la política depredadora de las grandes empresas petroleras norteamericanas respecto a las ingentes reservas de petróleo del país. No olvidemos que Trump es un enemigo mercantilista del libre comercio y un nacionalista autoritario adversario de la democracia liberal por lo que esto implica de separación de poderes, respeto a los derechos y una ética pública civilizada.

El caso de Venezuela podría recordarnos el caso del asesinato de Calígula en Roma. El plan de restaurar la República tras el magnicidio fracasó porque, aunque algunos senadores y conspiradores pretendían suprimir el Principado y devolver el poder al Senado, la realidad del poder militar recaía en la Guardia Pretoriana, que actuó con rapidez, encontró y proclamó a Claudio como nuevo emperador para mantener el sistema instaurado por Augusto y conservar sus propios privilegios; sin el apoyo de las tropas, el Senado se vio obligado a aceptar este hecho consumado y renunciar a cualquier intento efectivo de volver al modelo republicano clásico.

Con el ejército y la policía dominados por la camarilla de narco-petroleros socialistas que tienen dominado el país, Trump lo que habría conseguido sería eliminar la influencia de Cuba y Rusia para imponer la hegemonía colonialista norteamericana. Como ha indicado Ricardo Hausmann, profesor venezolano de Economía en Harvard, en The Economist, son los derechos los que dan prosperidad a un país, no el petróleo u otros recursos naturales. Trump, con su desprecio a María Corina Machado, no parece que esté por la labor de ayudar a que los venezolanos tomen el control de su país, sino ponerlo bajo la administración estadounidense.

Trump tuvo el coraje de eliminar a un dictador, aunque quizás para beneficiarse espuriamente él mismo y su país. Pero la gran cuestión sigue pendiente: ¿por qué no hicieron nada la UE y los EE. UU. durante las etapas Obama-Biden para hacer lo mismo que Trump, solo que preocupándose por facilitar una transición a una democracia liberal? Se habla mucho del Derecho Internacional en estas horas. Pero si el Derecho Internacional no está respaldado por un Ejército Internacional que haga cumplir por la fuerza las obligaciones morales y las instituciones políticas, es peor que un brindis al sol, es un brindis a que triunfen las tinieblas.

Porque si mala es la injerencia estadounidense, todavía peor es la inoperancia europea. El teórico del Derecho Internacional Luigi Ferrajoli ha escrito un artículo en El País en el que muestra una indignación solo a la altura de su hipocresía. Exige el filósofo italiano gestos, declaraciones y sentencias contra Trump, pero no dice ni una palabra de mancharse las manos, de erigir un ejército europeo, de invertir el triple en industria bélica, de implantar un servicio militar obligatorio de Francia a Hungría, de Noruega a España, para que defendamos con las armas esas letras que con tanto ardor literario se inflama.

Más que a pacifistas de cátedra que pretenden parar a Trump, Putin y Xi Jinping cantando Imagine de Lennon, hay que leer a Tucídides cuando relató la agresión de Atenas a la isla de Melos:

«...porque vosotros habéis aprendido, igual que lo sabemos nosotros, que en las cuestiones humanas las razones de derecho intervienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas; mientras que, en caso contrario, los más fuertes determinan lo posible y los débiles lo aceptan.»

Pretender, como hace Ferrajoli, que tenemos que elegir entre el Derecho y la Fuerza ignora el consejo pragmático de Tucídides sobre la ley inexorable de la política de poder: entre potencias desiguales, la justicia o el derecho solo operan cuando hay equilibrio de fuerzas. Cuando no lo hay, el fuerte impone su voluntad por la fuerza, y el débil debe someterse para sobrevivir. El consejo implícito de Tucídides es actuar con prudencia realista: las potencias deben priorizar el poder, la seguridad y el interés propio sobre ideales de justicia cuando hay un desequilibrio. El exceso de arrogancia (como el imperialismo ateniense desmedido y ahora el estadounidense) o el idealismo ingenuo (como el de los melios o el de los europeos de hoy) lleva al desastre. Su obra es un recordatorio eterno de que, en relaciones internacionales, la fuerza prevalece donde no hay igualdad de poder.

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