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José García Domínguez

Seriedad, rigor, contención y sentido del deber

La seriedad, el rigor, la contención y el sentido del deber no se premian con vítores y hurras en Twitter o cloacas similares.

El presidente de la Junta de Andalucía Juanma Moreno Bonilla y el líder del PP Alberto Nuñez Feijóo, durante su visita a Adamuz. | EFE

Con excepción del líder de la extrema derecha, que tampoco en esta ocasión ha dejado pasar la oportunidad para proferir las barbaridades incendiarias de turno, la actitud unánime de los dirigentes de primera fila de todos los partidos parlamentarios a propósito del accidente está reflejando un extraño sentido de la responsabilidad que, por lo infrecuente de ese proceder serio y adulto entre nosotros, llama la atención. En estos tiempos, los del imperio de escoria digital ubicua, resulta cada vez más difícil para los representantes públicos resistir a la tentación de sumarse a los gruñidos tumultuarios de esa plebe anónima y resentida que habita a todas horas en las redes sociales.

Nunca en la historia ha resultado más costoso en términos de popularidad para quienes ejercen responsabilidades de representación institucional anteponer la seriedad y la decencia moral a la búsqueda del aplauso fácil de ese vulgo invisible y tecnoadicto, el que berrea sin cesar al otro lado de las pantallas de los ordenadores. Y por ello procede aplaudir el comportamiento ejemplar que en estas horas difíciles están poniendo de manifiesto personas como el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla; Juan Bravo, responsable de infraestructuras del Partido Popular; o el propio líder nacional de la oposición, Alberto Núñez Feijóo.

Aplaudirlo por el gesto de resistencia a los modos degradados en la vida pública que ahora definen la nueva normalidad, pero también aplaudirlo por la lúcida inteligencia política que deja entrever esa conducta compartida. Y es que el genuino combustible ideológico que alimenta el crecimiento de los populismos autoritarios a ambas orillas del Atlántico remite precisamente a la claudicación frente a la marea de demagogia antisistema que aprovecha cualquier coartada para tratar de deslegitimar el régimen de la democracia liberal por el que nos regimos. La seriedad, el rigor, la contención y el sentido del deber no se premian con vítores y hurras en Twitter o cloacas similares, es cierto, pero ese proceder contracorriente será lo único que a largo plazo sirva para frenar la ola antipolítica que hoy inunda España, Europa y Occidente.

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