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Cristina Losada

Los cuentos (y las cuentas) de la regularización

Belarra, e igual Montero, tanto monta, hablan y actúan como si no hubieran sido ministras, pero lo fueron.

La secretaria general de Podemos y diputada, Ione Belarra, y la secretaria política y diputada del Parlamento europeo, Irene Montero. EFE/Kiko Huesca | EFE

De todos los cuentos que se están contando para justificar la regularización masiva de inmigrantes ilegales en España aprobada, el más patético es el que narra, con sus voces agudas de antifas feministas o feministas antifas, el partido llamado Podemos. Pongamos unas declaraciones de Belarra en rueda de prensa en el Congreso. Dijo la que funge de secretaria general que la regularización es muy buena cosa, porque los beneficiarios son personas que "ya están en España, que están trabajando sin derechos y que son las que sostienen muchos sectores que se están haciendo de oro a costa de la explotación de la gente". No vamos a discutir que están en España. Es evidente. Pero si están trabajando sin derechos y hay sectores que se están haciendo de oro a costa de explotarlos, la pregunta es qué han hecho los de Podemos para zanjar la degradante e inadmisible situación. Más exactamente, la cuestión es qué hicieron cuando estaban en el Gobierno.

Belarra, e igual Montero, tanto monta, hablan y actúan como si no hubieran sido ministras, pero lo fueron. Para desgracia de muchos y de muchas, las dos formaron parte del Gobierno de España. Belarra fue ministra de Derechos Sociales. Y, sin embargo, no le preocupó entonces que hubiera cientos de miles de inmigrantes trabajando en negro, sin contrato, sin derechos, aviesamente explotados por los esclavistas del capitalismo feroz. Cierto que todo en esta historia es improbable. Lo son las estimaciones que difunde el Gobierno sobre el número de ilegales a los que se aplicaría la regularización o sobre los beneficios fiscales que reportará a las arcas. Pero si hay algo altamente improbable es que los cientos de miles de inmigrantes que, según Belarra, están siendo explotados, llegaran todos a España justo después de que ella saliera del Consejo de Ministros. No, señora, eso no puede ser. Y como no puede ser, Belarra está reconociendo ahora que consintió, desde el Gobierno, que no se hiciera nada para poner coto a la ilegalidad.

Dónde ha estado la inspección de Trabajo estos años es la siguiente y lógica pregunta. Una pregunta que interpela a la ministra del ramo, Yolanda Díaz, pero no sólo a ella. Antes de cambiar de siglas y purgar a los podemitas, Díaz formaba en el mismo equipo que Montero y Belarra. ¿Impulsaron alguna acción para descubrir a los viles explotadores que se estaban haciendo de oro con el sudor de los ilegales? Ellas mismas están diciendo que no. Ni siquiera se dan cuenta de que lo dicen. O saben que da igual. Pero si hubiera en España hoy casi un millón de inmigrantes trabajando sin contratos y sin derechos, sería por su culpa. Porque estuvieron en el Gobierno - Díaz aún lo está - y no movieron un dedo para acabar con la explotación. Naturalmente, hay que poner en duda todo lo que dicen. Ellas y los socialistas, tanto da. Sólo que Podemos produce la demagogia más barata. Ahora están dispuestos a dar el placet a la delegación de competencias de inmigración a Cataluña. Clamaron contra esa delegación, lanzaron acusaciones de racismo, pero el racismo dejará de ser racismo si se retoca un poco el preámbulo. El compendio de todo esto es que el Gobierno y sus socios están firmando el epílogo.

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