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José García Domínguez

Sánchez es maoísta

La política económica del Gobierno de Sánchez responde a un maoísmo ortodoxo, canónico, de libro.

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Congreso. | Europa Press

Es sabido que sólo hay dos criaturas en el Universo, los burros y los economistas, que crean firmemente en que algo puede crecer de modo indefinido; crecer de forma crónica, eterna, sin topar jamás con ningún tipo de límite espacial o temporal a su expansión (y conste que yo siento un gran aprecio por los burros). Viene a cuento hoy el recordatorio por el desbordante entusiasmo que anda mostrando estos días la tecnocracia socialdemócrata ante la evolución del PIB español, pero más en concreto por el cambio de tendencia que se observa en los números del PIB per cápita.

Así, se subraya desde el oficialismo que tal indicador muestra ahora un nivel superior en un 5,6% al que exhibía justo antes de la pandemia; crecimiento que parece haberlos llenado de autocomplaciente euforia. Pero resulta que esa cosa, el PIB por habitante, puede crecer de muchas maneras distintas; y no todas ellas resultan ser positivas y halagüeñas, por cierto. Ocurre que el PIB per cápita es como el colesterol: lo hay del bueno, pero también del malo. Y el nuestro resulta que es del malo. La Economía es un asunto bastante fácil de entender, pero los economistas procuran siempre que parezca difícil para cobrar más dinero. Por ejemplo, sólo hay dos maneras de que un país crezca: consiguiendo que la misma gente produzca muchas más cosas que antes o, alternativamente, que mucha más gente que antes produzca algunas cosas más que antes.

He ahí, sin ir más lejos, la diferencia esencial entre la China hipertecnológica de Xi Jinping y la China hiperatrasada de Mao Tse Tung. ¿Y con cuál de los dos, Mao o Xi, nos alineamos en España? Claramente, con Mao. La política económica del Gobierno de Sánchez responde a un maoísmo ortodoxo, canónico, de libro. Y por ello lanzan las campanas al vuelo si, como ahora mismo acontece, la productividad por ocupado continúa congelada en niveles similares a los de 2019, al igual que el PIB por hora trabajada. Porque, en puridad, lo único que ha crecido es la plantilla de inmigrantes cobrando sueldos míseros. ¡Y aplauden!

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