España sanchista, España irrelevante
.Sánchez es como esos donjuanes de playa que, al llegar el final de las vacaciones, revelan su naturaleza insustancial a las chicas que lo aceptaron para lo único que vale, como ligue de verano.
Sánchez creyó que, con su palmito, podía aspirar a un alto cargo en las organizaciones internacionales cuando, Dios quiera que dentro de poco, deje de ser presidente del Gobierno del reino de España. Y es verdad que alguna vez pudo observarse cómo caían rendidos a sus pies toda clase de dirigentes de izquierdas que vieron en él la capacidad de resistencia que faltaba a otros. Su gesta se adornaba con el halo del recuerdo de la Segunda República Española, aquel noble régimen que fue el primero en enfrentarse al fascismo de los años treinta. Tal es su afán de promoverse internacionalmente que, como Carlos V cuando fue elegido emperador, gastamos el dinero que no teníamos en comprar las voluntades necesarias para que lo hicieran presidente de la Internacional Socialista.
Para apuntalar su proyección internacional, el referente de la izquierda mundial que sufrimos al frente de nuestro Gobierno, acostumbra a publicar regularmente artículos en la prensa internacional. El último apareció hace unos días en The New York Times, faro mediático de la izquierda mundial, para explicar a los norteamericanos las bondades de la inmigración y cuánto contrasta su política de puertas abiertas con la de deportaciones masivas de Donald Trump.
Sin embargo, ya le han tomado la matrícula. Sánchez es como esos donjuanes de playa que, al llegar el final de las vacaciones, revelan su naturaleza insustancial a las chicas que lo aceptaron para lo único que vale, como ligue de verano. Y ahora, hasta Ursula Von der Leyen, su más apasionada fan, sabe que ese contoneo de chulo de cabaret no es más que una cáscara vacía que no sirve ni para engañar a la Isabel de Calle Mayor. Tanto le han calado que, a la importante reunión previa que Meloni y Merz han patrocinado en Bélgica, no ha sido invitado, habiéndolo estado Viktor Orbán, el apestado entre los apestados. El País, con una candidez digna de mejor causa, trata de convencernos de que Sánchez no ha ido porque no ha querido ya que se opone a esta clase de reuniones informales. No se lo creen ni ellos. Sánchez no se pierde un sarao internacional ni aunque el que invitara fuera el mismísimo Gengis Kan. Se ha convertido, sencillamente, en un tío que estorba, pues, como izquierdista de salón que es, se opondrá con vehemencia y sin argumentos a la relajación del exceso de regulación que padecemos en la Unión Europea y que es indispensable si queremos fomentar el libre comercio. Especialmente, hay que levantar exigencias a nuestra agricultura si se van a importar productos de Mercosur que no cumplen los carísimos estándares que exigimos a nuestros agricultores y ganaderos.
Hasta en The New York Times se han percatado de que nuestro guaperas de calendario para chicas es un bluf y ha publicado un artículo que ridiculiza su política de inmigración. Allí se dice que el modelo económico de Sánchez está sobrevalorado y además es dañino. Y, a partir de ahí, desmonta los supuestos éxitos de nuestro economista fraudulento. El pibe va dejando por ahí facturas sin pagar que tendremos que abonar, cuando se vaya, todos los españoles poco a poco. Y ya veremos si algún día logramos recuperar el poco prestigio que un día tuvimos y que este gachó ha dilapidado como haría un mal estudiante adolescente heredado antes de tiempo.
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