Bad Bunny, Marco Rubio y la mosca tras la oreja de Trump
El discurso del secretario de Estado Marco Rubio contrasta de forma demasiado evidente con la línea de Donald Trump sobre Europa.
La actuación de Benito Antonio Martínez Ocasio en el show de medio tiempo de la Super Bowl fue una de las más vistas desde que Michael Jackson inaugurara el formato en 1993. Según datos de Nielsen, un promedio de 128,2 millones de espectadores siguieron al artista puertorriqueño. Además, Bad Bunny, que este es el nombre artístico de don Benito, cantó, para orgullo de los hispanos, en la lengua de Cervantes…aunque seguro que a don Miguel y a sus paisanos alcalaínos se les escapa mucho de lo que dice. Los trumpeteros, como buenos WASP (white, anglos and protestant) son altivos, bastante reprimidos (a Elvis le sacaban en la tele de cintura para arriba censurando sus golpes de cadera) y aficionados a la hoguera (en 1966 quemaban discos de los Beatles), y pusieron el grito en el cielo con la actuación. Les chinchó que el cantante protestara de manera respetuosa "sin loquera woke", como afirma un instagramero muy acertadamente. Seis días después de la movida en el Levi's Stadium en Santa Clara (California), bolivianos, ecuatorianos, colombianos, etc. movían el esqueleto con igual ímpetu y sensualidad que los extras del 'Supertazón' de Bad Bunny. Lo hacían por el paseo central del parque de Madrid Rio. Bailarinas de potente muslamen y pompis al aire. Otras con un escote que congelaba la mirada pícara en una mañana gélida. Un descoque. Algunos muchachos danzaban y sudaban como pollos por culpa de unas máscaras rituales lanudas. Era el carnaval que organizó el Ayuntamiento de Madrid. Reconocías en ellos una mezcla de culturas con nuestro idioma como argamasa. Un orgullo.
Como a Trump y a sus trumpeteros no les gusta Bad Bunny, nuestro Gobierno ha descubierto que le encanta. La ministra Portavoz lo recomienda y Pachi 'Nadie' López lo cita en pichinglis. Pero ¿han leído las feministas oficiales algunas de las letras de sus canciones? Según el Diccionario de americanismos, en Puerto Rico cuando uno dice tota o toto, se está refiriendo a la vulva. Lean: "Ya me aburrí, hoy quiero un totito inédito /Ya me aburrí, hoy quiero un totito inédito / Uno nuevo, uno nuevo". O esto otro: "Ey, saluden a Tití / Vamo a tirarno un selfi, say "cheese", ey / Que sonrían las que ya les metí / La de Barcelona que vino en avión / Y dice que mi bicho está cabrón". Vuelta al Diccionario. Bicho llaman al pene en Puerto Rico. Es la letra de "Tití Me Preguntó", que en enero de este año, antes de la Super Bowl, había superado los 1.000 millones de vistas en YouTube. Cuando se entere la Portavoza sanchista, le da un patatús del sofoco. Bad Bunny atiza un "chancletazo" a trumpeteros y progresistas, dos versiones de una misma censura. Dos versiones de una ideología que medra enfrentándonos. Y para gustos, los colores.
El año pasado por estas fechas el vicepresidente de los USA, J.D. Vance, se personó en la Cumbre de Munich para decirle a los líderes europeos que eran unas nenazas y que a Europa le quedaban dos telediarios para desaparecer si no cambiaba de régimen. Apoyó y apoya a la derecha populista y extrema que mantiene una estrecha relación con Putin. Sugirió el vicepresidente que lo apropiado era disolver la Unión Europea, que volvieran los Estados nación y poco le faltó para aconsejar que se refundara el Imperio Austrohúngaro. La Administración Trump acababa de publicar su nueva Estrategia de Seguridad y la UE aparecía como un objetivo a batir. Pero los europeos no le han hecho mucho caso. Hace unos días, en Portugal, elegían presidente a un socialdemócrata moderado con un respaldo masivo, el 68% de los electores.
Para templar gaitas o confundir al personal, el secretario de Estado Marco Rubio intervino en la Conferencia de Seguridad de Munich -el 14 de febrero- con un mensaje de distensión que durará mientras a su jefe Trump no se le ocurra otra distracción que le asegure titulares. Rubio se comprometió con "la tarea de la renovación y la restauración de la civilización occidental". Con no poca prepotencia, omitió aclarar qué han aportado los USA a la civilización occidental y por qué se arroga la capacidad de restaurar la europea. Oyendo al secretario de Estado, el espectador se entera de que fue el liderazgo estadounidense el que liberó a los cautivos en mano de los terroristas de Hamás. Seguro que las Fuerzas de Defensa de Israel no comparten esa afirmación. Máxime cuando su ofensiva para entrar en Gaza City y acabar con Hamás fue frenada por Trump, con advertencia incluida a Natanyahu. El presidente magnate soltaba las bravuconadas que se convertían en titulares. Los israelíes ponían el esfuerzo militar y los muertos.
Cuando mencionó la guerra en Ucrania a Zelenski se le debieron revolver las tripas. El mismo tipo que había asistido a la humillación del presidente ucraniano en la White House, que ha contribuido a cortar el suministro de armamento, habla de liderazgo estadounidense "para llevar a ambas partes a la mesa de negociaciones en busca de una paz aún esquiva". Un año después de las amenazas del vicepresidente J.D. Vance en Munich, el discurso del secretario de Estado Marco Rubio contrasta de forma demasiado evidente con la línea de Donald Trump sobre Europa. Es obligado despejar su palabrería. Detrás de ese anuncio de un nuevo y feliz apareamiento transatlántico, siempre que la novia renuncie a sus vicios y se disponga a parir rubicundos europeos que defiendan nuestra civilización, las palabras del jefe de la diplomacia estadounidense suenan a las de un ambicioso aspirante a la Casa Blanca… obligado a reconocer a la Vieja Europa que seguirá siendo cuna de la civilización occidental cuando él no sea más que una nota al pie de página de la historia.
¿Qué han hecho por nosotros los romanos?, se preguntan los miembros del Frente Popular de Judea en la "Vida de Brian". ¿Y los americanos, qué han hecho por nosotros? "Todavía yo te quiero / Pero sé que es un error / Porque ya tú no me quieres / Y sin ti me va mejor". Pues va a tener razón Bad Bunny.
Pedro Gil, 16 de febrero de 2026
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