El presidente Zelenski aún sigue aquí ¡Slava Ukraini!
La guerra entra en su quinto año. El horror y la muerte ya no ocupan titulares. Tampoco la determinación de un pueblo que no se rinde. No debemos olvidar.
Mientras los tertulianos de Espejo Público, el programa de A3, esperaban para entrar en directo, uno de ellos, un veterano periodista especializado en asuntos de defensa, asegura que en una semana los rusos ocuparán Kiev. Tan convencido está que, rizando el rizo, afirma que es el plazo necesario para que las autoridades ucranianas abandonen la ciudad. Era el 24 de febrero de 2022 y unidades de blindados del Ejército Rojo avanzaban hacia la capital ucraniana como si de un desfile se tratará. Preludio de un atasco de 64 kilómetros que resultaría fatídico para el invasor.
No fue el único en predecir una derrota rápida. Nadie daba un duro por Zelenski. Citado por The Guardian, el ministro de Defensa ucraniano, Olekiy Reznikov, recuerda su visita al Pentágono tras asumir el cargo, en noviembre de 2021. Como sus anfitriones estaban seguros de que se produciría una invasión rusa, preguntó si considerarían aumentar el envío de armamento. El ministro ironiza sobre la respuesta de sus colegas estadounidenses: "Imagina que tienes un vecino que llega a casa con un diagnóstico de cáncer y que se va a morir en tres días. Te dará lástima, pero no le vas a proporcionar medicamentos caros". Hoy comienza el quinto año de la resistencia ucraniana al ataque ordenado por el autócrata ruso que hizo con el derecho internacional lo mismo que hoy hace su homólogo americano.
Las semanas previas a la invasión cuentan la historia de un éxito de inteligencia parejo a un fracaso de predicción. La CIA y el MI6 acertaron al advertir acerca de las intenciones de Putin, pero erraron al dar por sentada una rápida victoria rusa. Fue un análisis del desenlace contaminado por prejuicios y una infravaloración de la voluntad y la capacidad de resistencia del pueblo ucraniano, sus fuerzas armadas y su presidente. Erraron también, de manera más preocupante, los servicios europeos, por cuanto el análisis político anuló el de inteligencia. Era arriesgado contradecir a sus respectivos gobiernos, en especial Alemania y Francia, que no admitían que una guerra a gran escala en Europa fuera posible en el siglo XXI. Para Huw Dylan, historiador de inteligencia del King's College de Londres, el escepticismo suele ser la opción más segura. "Si predices algo con implicaciones enormes, tienes más responsabilidades si te equivocas". Y no fue menor el fallo del agresor, además de dramático para sus soldados. De nada sirve contar con grandes recursos si basas tus suposiciones estratégicas -sobre el colapso de Ucrania, la pasividad occidental y la superioridad militar rusa- no como resultado de un análisis de inteligencia, sino como consecuencia de la negación institucionalizada, de la sumisión a la voluntad política de Putin.
El presidente Volodimir Zelensky fue elegido en 2019. Uno de sus objetivos era intentar una negociación que pusiera fin al conflicto iniciado por Rusia en el este de Ucrania en 2014. Meses antes de la invasión, desvanecidas las posibilidades de entablar conversaciones con Putin, al Gobierno ucraniano le preocupa que las informaciones sobre una guerra inminente provoquen una crisis económica y política. Temen el colapso del país. Hacerle el trabajo a Rusia, que controlaría Ucrania sin necesidad de enviar un solo soldado. "El presidente Zelenski pide a Occidente que no alimente el pánico", titulaba la BBC.
Convencido de que el alarmismo, especialmente de EE.UU., era un peligro para la estabilidad interna, el 19 de enero de 2022 un Zelenski, delgado y que todavía viste traje y corbata, se dirige a los ciudadanos de Ucrania: "Los riesgos no han aumentado hoy, lo que ha aumentado es el revuelo mediático. Ahora no se están atacando solo nuestras fronteras, sino vuestros nervios. El objetivo es que sintáis una ansiedad constante, que tengáis una sensación de inseguridad… No os preguntéis '¿qué va a pasar?', sino '¿qué debemos hacer?' No os dejéis llevar por el pánico". El presidente advierte de que se le está haciendo el juego a Putin. "Mantened la cabeza fría. Confiad en vuestro ejército y en vuestro Estado. Estamos preparados para todo, pero queremos la paz. No os rindáis ante la guerra psicológica. ¡Gloria a Ucrania!" Es el discurso de alguien que no quiere un conflicto.
Ha pasado poco más de un mes. Es 25 de febrero, un día después del comienzo de la invasión a gran escala. Zelenski graba un vídeo con su móvil. Va con ropa militar. Está junto a su equipo de gobierno, cerca de las dependencias gubernamentales. "Buenas noches a todos. El líder del partido (Servidor del Pueblo) está aquí (señala a David Arakhamia). El jefe de la oficina presidencial está aquí (señala a Andriy Yermak). El primer ministro (Denís) Shmyhal está aquí. Podolyak (Myjailo, asesor de Yermak) está aquí. El presidente está aquí. Todos nosotros estamos aquí. Nuestros militares están aquí. Los ciudadanos y la sociedad estamos aquí. Todos estamos aquí defendiendo nuestra independencia, nuestro Estado, y así seguirá siendo. ¡Gloria a nuestros defensores! ¡Gloria a Ucrania!". Es de noche y los cinco se encuentran en un lugar emblemático, en la calle Bankova, frente a la Casa con Quimeras, en el centro de Kiev. Los servicios de inteligencia occidentales y los medios de comunicación rusos daban por hecho que el Gobierno ucraniano estaba desmoronado y que Zelenski había abandonado la capital. "Prezydent tut" ("El presidente está aquí"). Los 32 segundos del vídeo, la fuerza y el simbolismo de esa afirmación, marcan el inicio de la resistencia al invasor. Todo cambia desde entonces. Cinco años después: "Prezydent dosi tut" ("El presidente aún sigue aquí").
El Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS) publicó a principios de febrero dos encuestas de opinión. La primera sobre la confianza en el presidente Zelenski. La mayoría sigue reconociendo su trabajo. El 61% confían en él. Llama la atención un dato: en febrero de 2022 esta confianza solo la tenía un 32%. La principal conclusión de la segunda encuesta es que los ucranianos no se rinden. "Uno de los factores más importantes que fortalecen la resiliencia de la gente es la comprensión de que es una guerra existencial, afirma el director del KIIS, Anton Hruschezkyj en declaraciones a DW. Para los ucranianos la guerra no es solo una cuestión de justicia, sino de pura supervivencia". Los datos lo confirman. El 65% dice estar dispuesto a aguantar el tiempo que sea necesario. El 88% cree que al atacar el sector energético, Rusia está intentando dejar a los ucranianos sin electricidad ni calefacción. Obligarlos a rendirse en un invierno muy duro con temperaturas de 25 bajo cero. Los ucranianos han comenzado a describir esta penuria como "Cholodomor" o "asesinato por frío". Una variante de "Holodomor" o "muerte por inanición". El nombre que se le dio a la hambruna provocada por Stalin entre 1932 y 1933.
La guerra entra en su quinto año. El horror y la muerte ya no ocupan titulares. Tampoco la determinación de un pueblo que no se rinde. No debemos olvidar. Ni aceptar que los intereses del presidente magnate pisoteen su dignidad. ¡Slava Ukraini!
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