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Pedro de Tena

Desclasificación de documentos del 23-F: tres pájaros de un tiro

No hay Estado que no tenga una ley de secretos oficiales y que no clasifique documentos considerados útiles para la seguridad nacional, por las razones que sea.

RTVE

Recuerdo muy bien lo de aquel día de 1981. A media tarde, me llamó un familiar que era alto oficial del Ejército del Aire para sugerirme que me escondiera por lo que pudiera pasar. Yo había sido encarcelado en mayo de 1976 por diversos "delitos" políticos siendo Manuel Fraga ministro de la Gobernación. A pesar de las amnistías de la Transición, no se confiaba en la destrucción de las fichas policiales. Un ministro del PP, mucho después, me confirmó que todos los papeles de mi caso seguían existiendo. Nada de olvido. Todo bien archivado.

La versión que entonces tuve de los acontecimientos fue la ofrecida oficialmente. Un grupo de militares y civiles, añoradores del antiguo Régimen, trataban, mediante un asalto al Congreso que vimos todos con estupor manifiesto, que se impidiera el desarrollo de una Constitución aprobada tres años antes y que se cortara de raíz el "desorden" producido durante los primeros años democráticos, con ETA matando como nunca.

Hoy se conocen bastantes cosas más y todo lo que pasó aquel febrero de hace 45 años parece que no tuvo mucho que ver con aquella versión original que se difundió de forma coordinada y persistente en el tiempo. Podemos deducir, a partir de la lectura de algunas investigaciones, que todo lo que ocurrió iba dirigido a reconducir el camino seguido por un Adolfo Suárez que no quiso que España se incorporara a la OTAN, prefiriendo otras opciones geopolíticas y estratégicas. Y luego había otras cosas, claro.

Se deduce, sí, de lo que ocurrió inmediatamente después. Tras su dimisión y el golpe del 23-F, Leopoldo Calvo Sotelo se dio más que prisa para que España se incorporara a la OTAN. Después de años de demagogia, ahora evidente, Felipe González maniobró contra su propia propaganda, OTAN, de entrada no, para desembocar en OTAN, de salida, tampoco, tras un inesperado y arriesgado referéndum. Y así hasta Javier Solana como secretario general de la organización militar.

¿Y a qué viene ahora esto de desclasificar ahora los documentos del 23-F? No hay Estado que no tenga una ley de secretos oficiales y que no clasifique documentos considerados útiles para la seguridad nacional, por las razones que sea. La transparencia total e inmediata sólo existe en la imaginación de algunos visionarios con profundo desconocimiento de la realidad política.

Pero es ingenuo pensar que el gobierno de Pedro Sánchez, que ni siquiera está siendo transparente en el incidente ferroviario de Adamuz (que Adif se llevara piezas del lugar que pueden ser consideradas pruebas judiciales es indecente) tenga en mente un deseo de claridad y veracidad, salvo si, controladamente, puede convenirle.

Sabido es que son los socios de este gobierno, desde la izquierda podemita al separatismo, los más interesados en airear el "secreto" del 23-F. Por una parte, siguen la estrategia de ETA , ahora ley, de no considerar la Transición ni la Constitución como fechas natales de la democracia para justificar los centenares de asesinatos que se produjeron desde 1978 a 1981 (más de 250). Por la otra, se arrincona a un débil PSOE para que use la Ley franquista de 1968 que permite que sea el gobierno quien decida desclasificar en vez de lograr la aprobación del Proyecto de Ley que se atascó en el Congreso.

Pero hay más. De un lado, se trata de acrecentar el desprestigio de la monarquía constitucional, ganado a pulso por la propia institución desde hace años, pero detenido por la actuación, en general honorable, de Felipe VI hasta el momento. Por eso, los tiros deben dirigirse contra el Emérito y su conducta en aquellos momentos decisivos. A estas alturas pocos dudamos de que el papel desempeñado por Juan Carlos I en aquel "golpe" fue, cuando menos, oscuro y seguramente algo más.

¿Eso es todo? No. Se trata de eliminar la posibilidad de reconstrucción de un socialismo moderado tras el tsunami sanchista. De ahí que se haya aguardado a que se cumplan los 45 años de los hechos (que es lo que fija el Proyecto del gobierno) para proceder a la desclasificación de altos secretos de Estado. Es el momento perfecto.

Para ello, es preciso que se reexamine el comportamiento de los líderes socialistas en aquella trama a ver si cae alguna breva que se estrelle en la frente de González, Guerra y demás dirigentes de entonces, hoy enfrentados al proceso de liquidación constitucional encabezado por Pedro Sánchez y a la conversión del PSOE en un partido de "putos siervos". Dos pájaros de un tiro: Trono y Padre.

¿Ahí se acaba la cosa? Tampoco. Queda la madre, la madre Patria, la nación española que es la madre del cordero, el objetivo final. De la nación unida hay que pasar a la confederación en la que unas pocas regiones succionen los recursos de todas las demás, sin importar nada más que el bienestar de sus tribus dirigentes. Pero el tiempo para conseguirlo puede estarse acabando o algunos pueden estar perdiendo la paciencia. Si el tinglado sanchista cae, caerá todo lo demás por muchos años.

¿Y si ante la evidencia empírica de que elección tras elección van perdiéndose opciones de futuro y si se pierden las que quedan en unas elecciones generales como parece? No me parece descabellado conjeturar que tipos con la calaña de los que sostienen al gobierno tengan un plan B que les permita salvarse de la quema político-judicial en la que arden aunque para ello tengan que dar el paso final, antes de que los españoles les enseñen la puerta de salida (y/o de la cárcel).

Se ha conjeturado que podría convocarse, aprovechando supuestos escándalos a propagar gracias a la desclasificación de los papeles del 23-F, un referéndum consultivo (pero legitimador) sobre la forma de Estado. De ganar la opción republicana, sería el primer paso hacia la impunidad necesaria para unos y el descuajaringado de la nación deseado por otros. Trono, Padre y Madre. Tres pájaros de un tiro. De algunos tipos ya me lo creo todo.

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