
En primer lugar, veamos los orígenes próximos de este culebrín, diminutivo de culebrón que, antes de referirse a series de televisión, significaba persona taimada, astuta e intrigante. Felipe González ("Dios" para el "helador de sangre" demócrata y española, Pachi López y antes para Chiqui Benegas y muchos otros), ha sentenciado con una lógica aplastante que, para que haya un "Puto Amo", debe haber "putos siervos". Parece correcto, y tal vez lo es en el fondo, pero no lo es del todo, al menos en la elaboración marxista de la historia.
Tras una etapa salvaje de comunismo primitivo, según la presunción indemostrada, sobrevino la etapa esclavista (Marx sólo conocía con solvencia la historia de Occidente), en la cual las figuras preferentes eran el amo y el esclavo, segunda fase de la historia como lucha de clases. Por tanto, a un Puto Amo no se le opone un puto siervo, sino, en todo caso, un Puto Esclavo. Lo de los siervos obedece a una fase posterior de la Historia, el feudalismo, en el que la oposición radical era señores feudales-siervos.
Esto es, Felipe González, sí, pero no. Sí, en lo que se refiere a que todo Puto Amo, para serlo, exige previa o simultáneamente, la presencia de Putos Esclavos. Seguramente, quiso suavizar su deducción y sustituyó esclavos por Putos siervos, que, a pesar de lo odioso de su nombre y su significado, es menos fuerte y ácido que lo de Putos Esclavos, que parece un nivel superior de ignominia absolutamente inaceptable para una conciencia moral democrática. Pero lo de los siervos, bueno, puede ser más digerible.
En cualquier caso, esto de la existencia simultánea por necesidad ontológica del Puto Amo y los Putos Esclavos (lo de puto es un calificativo insultante aunque parece aludir a una fuerza insuperable para los esclavos/siervos), no tiene nada que ver con la dialéctica hegeliana del Amo y el Esclavo, rebautizada en este trance como Puto Amo y Putos Esclavos o Siervos.
Hegel se levantaría de su tumba al conocer cómo es utilizada su oposición lógico-histórica en esta lucha tribal en el seno de un partido inspirado por su admirador, Karl Marx. Diría para sí: "No han entendido nada". Y sería cierto, pero es que la política, más si cabe, el juego de poder en el seno de un partido, tiene poco que ver con las reflexiones de la filosofía y, seguramente, de ninguna otra disciplina racional.
Para que se perciba en su dimensión justa la distancia que separa una cosa de la otra, digamos que la dialéctica del Amo y el Esclavo, pieza básica del tránsito de la comprensión de la Humanidad de su propia historia, viene de lejos, pongamos un principio en Aristóteles, que conceptúa que la esclavitud es natural (unos nacen para dominar y otros para obedecer) y no encierra más misterio.
Pero Hegel desecha que entre Amo y Esclavo no haya una relación dinámica y elabora una teoría del reconocimiento mutuo que hace avanzar la historia hacia adelante porque, como aclaró Alexander Kojève, el interpretador de referencia de esta oposición, el Amo ha arriesgado su vida para lograr serlo y el Esclavo ha aceptado su condición por miedo a la muerte, pero ahí no acaba todo, sino que empieza.
Explica el filósofo sevillano Juan Antonio Rodríguez Tous, en su más que recomendable libro Hegel para legos,: "La experiencia del Esclavo, que "ha sentido el miedo a la muerte", es superior a la del Amo, que sigue fijado en el momento anterior a esta lucha. Desde su forzada inhumanidad, el Esclavo humaniza al Amo (lo reconoce) y se humaniza a sí mismo."
Pero su conciencia de ser esclavo animará su liberación y la de toda la humanidad ante un Amo que, una vez conseguida su posición, ya sólo puede defenderla, pero no enriquecerla. Como pueden intuir, de ahí a la lucha de clases de Marx hay un pequeño paso que se dará a lo grande y con terribles consecuencias para la historia de los dos últimos siglos.
Para redimir en muy pequeña parte a Felipe González, digamos que Rodríguez Tous, investigador experto que buceó en los archivos hegelianos, precisa que, a veces, se habla de señores y siervos[i] más que de amos y esclavos. Esto es, que el viejo líder socialista puede argumentar que referirse a unos "putos siervos" tiene algún fundamento académico.
Sin embargo, considerar que su expresión sobre el Puto Amo y los Putos Siervos tiene algo que ver con las meditaciones hegelianas es sencillamente ridículo salvo en un punto: no puede haber Puto Amo si no hay Putos Siervos. Evidentemente, para que un tipo como Pedro Sánchez haya llegado a la secretaría general del PSOE y a la presidencia del Gobierno de España exige que haya un ejército de Putos Siervos que hayan sentido miedo a la muerte (ya no física, sino política, laboral, académica, profesional o lo que sea) y se hayan dejado dominar.
De seguir los vericuetos dialécticos de Hegel, los Putos Siervos del PSOE, una vez tomada conciencia de su situación y reconociéndose como los dueños del poder político y electoral en el partido y en la sociedad, se opondrán al Puto Amo al que humanizarán echándolo a patadas de su posición dictatorial para dar paso a otra historia. Pero eso está por ver y de momento, no ocurre.
Otros Putos Amos
No cabe duda de que fue Óscar Puente, del pelotón de siervos, el que señaló a su Puto Amo con claridad meridiana. Según Andrés Trapiello, lo definió mejor que nadie lo hubiera hecho nunca. Para más coincidencia, vinculó incluso al mismo Felipe González en aquella intervención suya en el congreso de los socialistas gallegos de 2024: "Felipe González fue un líder con mucho predicamento en el exterior, pero Pedro Sánchez no es que tenga predicamento, es que es el puto amo". Se está viendo en Europa y la OTAN, se está viendo.
Desde entonces hasta ahora se ha extendido el uso político de la expresión, pero hay dudas sobre su origen. Hace mucho que se viene utilizando lo del Puto Amo en diferentes contextos para designar a alguien que tiene un poder absoluto, tal vez virtudes excepciones o cualidades insignes, siempre en relación con otros, que le hacen merecedor de autoridad. Es una grosería elogiosa hacia el referido, cierto, que esconde, por eso de puto, una latente agresividad.
Lo demuestra el caso de otro Puto Amo, José Mourinho, por entonces entrenador del Real Madrid, al que se refirió una vez en plena Champion League su enemigo Pep Guardiola, por entonces en el FC Barcelona. En la rueda de prensa previa a un clásico dijo: "En esta sala [la de prensa], él es el puto jefe, el puto amo, es el que más sabe del mundo y yo no quiero competir ni un instante." Dicen que la expresión fue Trending Topic en el Twitter de hace casi quince años.
Pero culebrineemos, que hay más Putos Amos. Por ejemplo, Gabriel García Márquez, como lo oyen. No es una invención, sino que lo cuenta el peruano Jaime Bayly en su libro Los genios. En sus páginas relata el encuentro que tuvo lugar hace muchísimos años en Londres entre el Nobel colombiano y un joven entonces cantautor español en cuyo pasaporte constaba el nombre de Mariano Zugasti y que decía ser un perseguido por la policía franquista.
En la Mexican Tavern, Gabo y Mercedes escucharon cantar al flaco español: "He apedreado pájaros, vareado aceitunas/ colgado a las muchachas en las noches de luna…" Cuenta Bayly que el Nobel dijo: "Este cabrón es un poeta, es uno de los nuestros" y que La Gaba añadió: "Escribe más bonito que Neruda". Fue entonces cuando le pidieron que se sentara con ellos.
En la mesa, el barbudo andaluz confesó que se llamaba en realidad Joaquín Martínez, que su padre era policía y que lo quería detener, por lo que salió pitando de España (y porque tenía novia en Inglaterra). Ante los elogios de Gabo y señora, "¡Eres un poeta con tres pares de cojones!", el artista contestó: "Pero nunca mejor que usted. Para mí, don Gabriel, usted es Dios, el puto amo." Luego adoptó para el arte el apellido de su madre, Sabina.
Javier Cercas, en El impostor, que trata de otro mentiroso patológico, el tipo aquel, el catalán Enric Marco, que se hizo pasar por superviviente de los campos de concentración alemanes sin haberlos padecido nunca. Habiendo sido franquista, engatusó a la progresía, incluso a la CNT, y logró ocultar que había sido de hecho un colaborador voluntario de los nazis llegando a presidir la principal asociación de sus víctimas en España, la Amical Mauthausen. Incluso fue capaz de hacer llorar de emoción y pena a parlamentarios españoles con sus falsas historias.
Uno de los personajes dice en un momento: "A don Quijote nadie se lo tomaba en serio, no engañaba a nadie; en cambio, Marco engañó a todo el mundo…¿Te das cuenta? ¡A todo el mundo…¡Es el puto amo!". Y luego lo repite al final de la novela: "—¡Es el puto amo! —dijo Raúl, sin poder contenerse. Y yo pensé, pensando en Raúl: «Sí, pero él también es Enric Marco».
Qué lejos ya de aquellos putos amos, Macarras interseculares de Madrid, que cogían unas barras de hachís de mil pesetas y las vendían en Cuatro Caminos sacando cuatro veces lo que les habían costado en Vallecas. Con dieciséis años, en 1980 , «si comprabas a quinientas y vendías a dos mil, pues eras el puto amo». Pues eso, pero un poco antes.
Para nuestro poeta y cronista Jesús Fernández Úbeda, en su Estado incivil/Concierto de alcaudones, puto amo sólo hay uno: "Querido Enrique Bunbury: tu maravilloso prólogo me emocionó más que el monólogo final de Annie Hall -¡y ya es decir! - . Eres el puto amo, el mejor de todos. Es un inmenso honor poder llamarte "amigo". A cambio, el amigo le incluía en el panteón de los nuevos clásicos de nuestro tiempo. Aprendiendo a ser Puto Amo.
Hay quien ha detectado a uno en la mitología griega. Se trata de Orión, el heroico cazador, que un día viajó a Creta. En una batida en comandita con la diosa Artemisa, diosa de la caza, y su madre, la titana Leto, Orión cazó más que nadie y, claro, se vino arriba. "Joder, qué bueno soy. Soy el amo. ¡Soy el amo! ¿Me oís? El puto amo. Es que yo solito podría matar a todos los animales del mundo de tan puto amo que soy."[ii]
Naturalmente, cabreó a muchos. Entre ellos, a Gea, la diosa madre de la Tierra que, en versión de Hesíodo (hay otras), le envió un escorpión gigante con la intención de liquidarlo, cosa que consiguió picándole a pesar de su formidable defensa, gracias a la cual subió a los cielos en forma de constelación que se oculta cuando aparece la de Escorpio. O sea, hay un Puto Amo en el cielo nocturno.
Arturo Pérez Reverte[iii] vio en Octavio Augusto, el primer emperador de Roma, a un Puto Amo auténtico. "Cleopatra quiso repetir la jugada habitual con Octavio, haciéndose un triplete de romanos. Pero aquel, jovencito, frío como la madre que lo parió, era de otra pasta. Pasó por completo de la egipcia tentadora, que también acabó suicidándose, hizo que asesinaran al Cesarito junior para despejar el paisaje, y se convirtió en lo que hoy llamaríamos puto amo de Roma."
Pocos son los que dudan que uno de los Putos Amos a tener muy en cuenta es Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid y de muchas otras empresas. En la revista mensual La Marea, dedicada al empresario, la recién electa alcaldesa de Madrid (2015), Manuela Carmena, dijo aquello de "no pienso ir nunca al palco del Real Madrid. Ningún miembro del Ayuntamiento debe tener privilegios para ir a los espectáculos. Cuando queramos ir, haremos lo que hace todo el mundo: comprar una entrada".
Otra promesa incumplida. "Carmena terminó encaramada al palco e intentó aprobar a cinco días de las elecciones municipales otra operación especulativa, la de Chamartín, rebautizada con el nombre eufemístico de Madrid Nuevo Norte. El BBVA a través de Villarejo investigó al marido de Manuela Carmena, y más tarde la exalcaldesa acabó reformulando el proyecto para cumplir con las expectativas del banco, según El Confidencial.[iv]Ladrillos progres y nuevos Putos Amos.
Ah, y no se me olvide Nino Bravo como uno de los Putos Amos, al menos para el poeta Carlos Marzal que confesó cantarlo porque fue "el puto amo del baladismo nacional. Nino es la encarnación mitológica del joven héroe romántico muerto antes de tiempo, sazonada con pato de la Albufera. Nino es el power puro del vocalismo de los setenta…Nino es el príncipe de los pantalones de campana y los chalecos ceñidos….Nino es Tom Jones con verduras de la huerta."
Pero siempre hay que volver a Pedro Sánchez, el Puto Amo sobre Putos Siervos o Esclavos. No sabía yo que había gafas ahumadas de Puto Amo, pero el caso es que el añorado David Gistau le puso ese mote a las de Pedro Sánchez en un párrafo genial, rasgo que perdona su extensión:
"El presidente (en el Falcon) iba vestido con el mono guerrillero que le fue confeccionado a petición de la secretaría de comunicación y del que, combinado con las gafas ahumadas de puto amo, no se ha desprendido desde el comienzo de la guerra. Sánchez, que volvía de liberar personalmente tres campos de exterminio de los situados en la provincia de Ávila y abandonados en su retirada por las tropas franquistas, aseguró que la resistencia en Descuelgamuros es todavía dura por la determinación del fanático enemigo, que habría comenzado a alimentarse con los cuerpos de los hipsters capturados durante la razzia de hace un mes en un festival de cine iraní subtitulado. La noticia del canibalismo de las huestes franquistas está perfectamente acreditada al haber sido confirmada por tres Pe-Rio-Dis-Tas cuya neutralidad ha sido garantizada por no menos de tres mil tuits borrados por cabeza."
Siempre Sánchez, que es el Puto Amo, pero Esteban González Pons menciona en su novela Ellas a otro, este del PP, el amo de un tal Terroba, «Adviser of Protocol, Coaching & Single Market» de un concejal de urbanismo que, "en cristiano diría algo así como «asesor del puto amo de Valencia». Un tipo creado por Dios para hacer favores y agradar al prójimo… El campeón regional del cabildeo." A saber a quién retrataba.
Nada de distracciones malintencionadas, que el que exhibe Putos Siervos para seguir siendo el Puto Amo, González dixit, es Pedro Sánchez. Dibujado por Antonio Elorza[v], queda así: "El jefe de la trama gansteril necesita las instituciones, pero para que estas actúen a sus órdenes y según sus intereses. Son dos estructuras y dos niveles de poder superpuestos, donde el aparato estatal se mantiene como subordinado, envuelto por el gansteril, determinado por este en sus actuaciones. Una dependencia que recae, especialmente, sobre el PSOE… Un tipo que conoce el sistema desde su interior, lo expresó de forma zafia y expresiva: «Todo depende del puto amo». Y ningún dictador clásico aceptaría presentarse bajo esa denominación."
O así, descrito por José Antonio Zarzalejos[vi]: "Nadie está ya en la clave de Pedro, el admirable y renovador socialdemócrata, sino en la de Sánchez, avieso, vengativo, injurioso. Unos atributos que se comprimieron en la tabernaria expresión de su jabalí parlamentario y trol de choque, Óscar Puente: Sánchez sería el «puto amo». La detonación del sintagma fue mediáticamente muy útil y trabajó el inconsciente de sumisión que, poco a poco, se había instalado en el partido."
Siempre nos quedará Hegel, a quien los Putos Siervos le deben el poder de la negación para liberarse del Puto Amo. Tomen nota en Ferraz. Sirvan estas pudibundas culebrinas para tan honroso fin.
[i] Escribe Rodríguez Tous, que escarbó durante años en los archivos hegelianos: "La dialéctica del Amo y el Esclavo (o del Señor y el Siervo como también suele traducirse Herr und Knecht…"
[ii] Así lo cuenta Andoni Garrido en su Las locas aventuras de la mitología griega.
[iii] En su Patente de corso de 2022.
[iv] Fonsi Loaiza, Florentino Pérez. El poder del palco
[v] Eso dice en el libro Pedro Sánchez o la pasión por sí mismo.
[vi] Está en el titulado La huella de Sánchez.
