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Las elecciones son las elecciones y sus circunstancias

El bloque de izquierdas siente el aliento del miedo de unos electores que llevan creyendo que viene el lobo muchos años ya.

El bloque de izquierdas siente el aliento del miedo de unos electores que llevan creyendo que viene el lobo muchos años ya.
Los candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía. | Europa Press

En las elecciones, en cualquiera de ellas, influyen muchísimas cosas, no sólo la gestión buena, mala o regular de los gobiernos. Junto a los datos de la realidad, en su mayoría desconocidos salvo por los aficionados a la Estadística, muy escasos, y a la prensa generalista, menos que la media nacional, y al día a día de contratos, adjudicaciones, ayudas, subvenciones, becas, y demás, igualmente poco conocidos, están las otras circunstancias, de las que se habla menos pero que tal vez influyan más en los resultados.

Véase, por ejemplo, el panorama internacional. La guerra de Irán está teniendo como consecuencia el acercamiento de Estados Unidos y Marruecos, lo que pone en solfa la continuidad de las bases estadounidenses en Morón y Rota, además de un crecimiento de inseguridad en las fronteras y un incertidumbre colosal respecto al futuro de las hermanas Ceuta y Melilla así como del Campo de Gibraltar, que une el Peñón y la bochornosa gestión gubernamental a las incógnitas. ¿En manos de quién están?

No cabe duda de que es el bloque de izquierdas, desde PSOE a Adelante Andalucía pasando por el comunismo tradicional (salvo en el asunto del Sáhara donde sólo se calcina el PSOE), el que siente el aliento del miedo de unos electores que llevan creyendo que viene el lobo muchos años ya y cada vez más sienten que dentro de poco será la vencida.

Por si fuera poco ahí está el acuerdo de Mercosur, iniciativa impulsada hace años por el PP y el PSOE que tiene serias consecuencias para el campo andaluz y sus derivados, al igual que el negocio agrícola-pesquero marroquí, no porque se abomine de la competencia y de la ayuda a países vecinos y/o hermanos, sino por la desigualdad de condiciones en las todos entran en ese amplio mercado.

En el ámbito general, empleo, vivienda, campo y sanidad (más acceso a pensiones de miles de mutualistas abogados, procuradores, arquitectos, ingenieros y demás profesiones liberales de antaño), son circunstancias decisivas. Si en crecimiento de PIB (aunque la renta per cápita sigue por debajo de la media nacional como la convergencia con la UE), empleo (con fuertes desigualdades provinciales), inflación, exportaciones, educación y otros factores son soportables, hay otros que manifiestamente no.

Por ejemplo, la vivienda es una tragedia para la juventud andaluza. Son datos ciertos los que apuntan a un salario por debajo de la media nacional de alrededor de 1.800 euros brutos (1.300 en el caso de los jóvenes) con las pagas extras inclusas, mientras que una vivienda de dos habitaciones supone un alquiler de 1.000 euros mensuales de promedio en la región con picos en Málaga (donde se agrava aún más la crisis por predominar alquileres de temporada de sólo unos meses al año) donde no bajan de los 1.300.

¿Qué porcentaje del sueldo hay que dedicar al pago de la vivienda? De pisos en propiedad, con la escasez de hipotecas, ni se habla ya. Algunos, pocos, podrán emanciparse de los padres pero a costa de caer en la dependencia de compañeros, deseados o no, de piso, de pasillo o incluso de habitación. En cuanto a sanidad, que afecta más a otro grueso de la población de mayores de 50 años, antes que brechas de financiación, hay problemas de gestión, muy evidentemente en la Atención Primaria y en las intervenciones quirúrgicas.

También sobrevuelan otras circunstancias como la evidente preferencia política y presupuestaria de País Vasco y Cataluña, las chulerías de ETA-Bildu y su desprecio a las víctimas, bastantes de ellas andaluzas, con PNV, Junts y Esquerra de recolectores de nueces. Estas elecciones han coincidido además con el espectáculo de la corrupción a granel y en directo del PSOE, a veces soez hasta la náusea (Koldo grabando los coitos de su ministro en pleno ajetreo), que perjudican notablemente a un socialismo andaluz invadido por un sanchismo irrespetuoso con todo lo que no sea su supervivencia y esclavo de la historia de su tela de araña.

En menor medida, el caso Kitchen recuerda los peores tiempos del PP, justo en la campaña autonómica, como afecta a la misma el vodevil de poder sin moral de la división entre Podemos y Sumar, ambos uncidos ya al destino sanchista. Por su parte, Vox, atacado o preterido en los grandes medios de comunicación salvo cuando algo les perjudica, no termina de explicar bien la fuga de "militantes" cualificados y tiene que bregar con un 2 por ciento de pérdida de votos que van a partidos como el de Alvise Pérez. Este 2 y pico por ciento podría suponer un incremento de hasta 4 escaños (por encima de los 21) para Manuel Gavira si decidiera ir a parar a Vox.

Finalmente, por abreviar, está la circunstancia capital. Es el PP el que gobierna Andalucía desde 2018, primero acompañado por Ciudadanos y apoyado en Vox y, desde 2022, con mayoría absoluta. Lo que ha cambiado y lo que no, está a la vista de los andaluces. No se puede culpar a nadie de lo eludido o cumplido en ocho años, a pesar de que es obvio su grisáceo papel al mando de una Comunidad Autónoma de segunda categoría real y las zancadillas del gobierno Sánchez y su ex vicepresidenta Marichús.

Terminemos con los mensajes. Ya en el primer debate se ha visto la ausencia de señales fuertes en una izquierda que lleva ocho años desgobernando España y el fragor extremista que emiten los que proceden de las fuentes no contaminadas de Adelante Andalucía. El PP mete miedo al caos si no logra la mayoría absoluta –algo que es de manual–, y Vox trata de apuntalar la idea de la prioridad nacional de andaluces y españoles, a la hora de recibir servicios sociales y económicos.

¿En qué se fijarán más los votantes? Hay un cansancio evidente, un escepticismo creciente y un desdén insistente por la política y los políticos. Como hay una batalla feroz en las redes sociales. Si se quiere un cambio, no parece que pueda proceder de las izquierdas, de ingrata mención. Tal vez pueda surgir de las derechas, como indican las encuestas.

Si crece Vox, como parece, la perpetua sonrisita de Moreno quedará en una mueca aquí y en Génova. Pero nadie sabe lo que ha calado y lo que no. Habrá que esperar al día 17 en la suposición de que ninguno de los actores cometerá errores definitivos.

Si los hay –apuesto una copa de jerez–, vendrán de la Montero, cuya desesperación irá creciendo y creciendo y su futuro menguando y menguando. Lo del dinero en libros y la caja fuerte de su número 3 en Hacienda escondida en una barbacoa no es para menos, aunque ella nunca se entere de nada, claro. Ya son muchos amigos imputados. Sólo pone las manos en el fuego y todo el mundo ha visto sus quemaduras.

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