Menú

La denuncia falsa de Santaolalla

Ser progresista requiere estar cada vez más alejado de lo real. Es vivir en una caverna de Platón construida por ellos mismos.

Ser progresista requiere estar cada vez más alejado de lo real. Es vivir en una caverna de Platón construida por ellos mismos.
EFE

Hay sucesos nimios que, sin embargo, dicen mucho más de la sociedad en la que vivimos que eventos realmente importantes como la guerra de Irán. Esta semana lo hemos visto con el rifirrafe entre Sara Santaolalla y Vito Quiles. Pese a que teníamos varios vídeos donde se mostraba qué había sucedido y que el pesado de Quiles no le tocaba un pelo a la plasta de Santaolalla (que si no dijo "Botox Quiles" cien veces no lo dijo ninguna), hemos estado toda la semana viendo a la izquierda política y mediática fingir que la tertuliana había sido agredida por el violento activista de extrema ultraderecha. Todos hemos visto cómo un señor de notable tonelaje le atizaba un tripazo a Quiles y cómo eso provocaba una reacción en cadena en el que Santaolalla era el último eslabón, si es que realmente le llegó algo. Pero ¿a quién vas a creer, a nosotros o a tus propios ojos?

Desde Félix Bolaños a su pareja Javier Ruiz, nadie ha puesto en duda la fantasía victimista. Es un hombre de derechas contra una mujer de izquierdas. Por definición, Santaolalla tiene razón, aunque no la tenga y sea evidente para todos que no la tenga. Le ha puesto una denuncia a Quiles, una denuncia evidentemente falsa, una denuncia de esas que no existen y que son el 0,002% del total, una denuncia que si calificas de falsa es que eres un negacionista. Ha pedido una orden de alejamiento. Pero la juez le ha dicho que verdes las han segado. Ha sido salir un minuto de la burbuja progresista y toparse de frente con que la realidad, la verdad, sigue siendo importante en algunos ámbitos, como los juzgados que aún no han sido fagocitados por la perspectiva de género.

Dice Thomas Sowell que los ingenieros, pese a trabajar con ideas complejas como materia prima, no son intelectuales porque esas ideas acaban aplicadas a la realidad, y la realidad no te permite vivir en la mentira: si tu puente se cae, si tu aplicación no funciona, da igual lo maravillosas que suenen tus ideas. En cambio, para calificar como intelectual, tu producción han de ser ideas que no se consideran válidas porque están refrendadas por el mundo real, sino porque otros intelectuales las aprueben. Santaolalla no existe fuera de ese mundo en el que los progresistas se dan la razón unos a otros y en el que los rayos de la verdad tienen prohibida la entrada por un muro más alto e impenetrable que el de Donald Trump con México. Así que cuando ha sumergido el dedo gordo del pie en un charco de realidad, se ha visto sorprendida al verlo disuelto en ácido.

Ser progresista requiere, cada día que pasa, estar más alejado de lo real. Es vivir voluntariamente encadenados en una caverna de Platón que han construido ellos mismos y a la que se han mudado con toda la familia. Porque lo real es un espejo que te desnuda las ideas peregrinas. Santaolalla puede salir en la tele pública con el brazo en cabestrillo mientras gesticula y sostiene el móvil con esa extremidad supuestamente doliente y nadie le va a poner en duda, porque allí todos viven en un mundo en que todo es comunicación sin sustancia, en el que todos son bandos y la lealtad al tuyo se demuestra sosteniendo precisamente las mentiras compartidas más burdas y evidentes. Como que Vito Quiles agredió a Sara Santaolalla.

El problema de nuestra sociedad no es que existan burbujas impermeables al mundo real. Es consecuencia inevitable del desarrollo económico que surjan castas que puedan vivir de espaldas a la realidad porque no necesitan responder ante ella para comer y resguardarse de los elementos. El problema es que sus consignas, a base de ser repetidas mil veces, acaban siendo masticadas y deglutidas sin sentir por quienes están demasiado ocupados para dedicarle más que un porcentaje ínfimo de su tiempo a la cosa pública. Muchos que hayan visto las noticias en la tele esta semana en el bar donde comen su menú del día y hayan visto, sin sonido, a Santaolalla con el brazo en cabestrillo con el titular de que ha sido terriblemente agredida por el ultraderechista Quiles no volverán a saber del tema ni sabrán nunca que era mentira. Pero se quedarán con el soniquete. Y no sabrán que la amenaza de la violencia de la terrible extrema derecha siempre se cierne sobre España, pero las que aterrizan son las de la bondadosa extrema izquierda y el melifluo nacionalismo. Que son los puestos de Vox los que son derribados a golpes, no los de Podemos o Junts. Pero eso no lo ven de refilón en la tele mientras hacen zapping porque nunca es noticia. Y así acaba media España viviendo en la burbuja… hasta el momento en que son ellos o alguien cercano quien se topa con la realidad. Con la de una denuncia falsa, por ejemplo.

Temas

En España

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida