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El sacrificio del peón

Tejero fue un hombre que produce una cierta simpatía por cuanto fue digno, donquijotesco si se quiere y fiel a sus creencias.

Tejero fue un hombre que produce una cierta simpatía por cuanto fue digno, donquijotesco si se quiere y fiel a sus creencias.
Antonio Tejero durante el intento de golpe de Estado del 23F. | Europa Press Reportajes

Siempre nos quedará la duda sobre los álguienes que convirtieron a aquel teniente coronel que se subió a la tribuna del Congreso de los Diputados y ordenó aquello de "Quieto todo el mundo" con una pistola en la mano, en un peón a sacrificar. Fueron los únicos que dispusieron del diseño completo de la partida de ajedrez que se jugó aquel 23 de febrero de 1981.

De lo que no cabe duda alguna es de que Antonio Tejero Molina, a pesar de su posición de peón en un tablero del que, según parece, no tuvo nunca toda la información, fue un hombre consecuente con sus ideas, con su percepción de la decadencia inminente de una España a la que veía en peligro. Es más, fue capaz de arriesgar vida, familia y futuro por ser fiel a su convicción. Reconocerlo es debido, a pesar del tiempo y de la discrepancia.

Sobre Tejero siento emociones encontradas. Por una parte, me parece respetable que haya personas, sean de la orientación ideológica que sean, que defiendan con coherencia y determinación lo que verdaderamente piensan aunque ello les pueda conducir a un sufrimiento personal poco soportable.

Decían nuestros mayores que la persona honrada es la que piensa, habla y actúa en la misma dirección sin permitirse desviaciones de oportunidad. La honradez, así descrita, no tiene que ver con el contenido de las creencias sino con la voluntad de defenderlas, sean las que sean.

Se está en el cercado de la ética de la convicción porque lo que importa no es si lo que se cree está en consonancia con la realidad empíricamente demostrable ni si la creencia que se blande es o no internamente coherente ni si la causa que se defiende es más o menos irrealizable o fantasiosa. Es la creencia misma la que le da sentido a quien lo arriesga todo por ella.

Pero hay otra emoción, que es la que desata la percepción del daño a terceros que puede causar la propia creencia llevada al extremo sin tener más límite que la propia convicción y el sentirse fiel a las consecuencias de sus actos aunque ellos hubieran podido producir un cataclismo con víctimas previsibles.

Uno puede sentirse íntegro, incluso puro y magnífico y, sin embargo, estar conduciendo a una colectividad a un conflicto que provocará daños inmerecidos a muchos otros que no comparten ni esa fe ni esos juicios acerca de la realidad que ven y analizan. No es nada nuevo oponer a esta ética personal aquella otra, la de la responsabilidad, que pretende tener en cuenta no sólo la honorabilidad de las acciones de alguien sino la bondad o maldad de sus resultados prácticos.

Tejero fue un hombre que produce una cierta simpatía por cuanto fue digno, donquijotesco si se quiere y fiel a sus creencias, pero también inspira rechazo por ser un hombre inflexible que no calculaba ni valoraba las consecuencias de sus propios actos, actos autoritarios que pudieron llevar a nuevos enfrentamientos a una sociedad española que ya había vivido bastantes desgracias.

A la hora de su muerte, tras haber cumplido muchos años de cárcel y tras haberse desclasificado algunos documentos del famoso 23-F, me quedo con la sensación de su esposa, Carmen Díez Pereira, de que su marido había sido engañado por gente que le animó a lanzarse a un ruedo terrible aprovechándose de su talante audaz, y que luego escondió la mano de manera miserable. Pero, ay, lo que pasó de verdad no está entre los papeles que se han desclasificado.

Lo que sí está es el sufrimiento de una mujer que había comprendido que su marido había sido víctima de un engaño y que se desesperaba porque no le dejan hablar con él para advertirle de que lo habían dejado solo.

"- Carmen Díez - Qué desgraciao, tanto amor a la Patria, tanto darlo todo, mira cómo le han engañao. Estaría el Ejército detrás…en la cabeza, y ahora nadie ha hecho nada.
-Necesito hablar con él …que lo necesito, es que necesita saber que está solo y que no se lo cree.
-... tengo una decepción de ver cómo han dejao a tu padre tirao como una colilla…Le pido a Dios que salga sano. Que esté en la prisión toda la vida…
- Tu padre asume toda la responsabilidad. Como siempre…
- Todos los militares estaban, todas las Capitanías Generales, que se habían adherido en un principio, todos se retractaron…
- Qué pena, qué pena tan grande! Todo el mundo diciendo que España va muy mal, que esto es una porquería, que esto es una mierda, que esto no sé cuántos, que cuantos, que hay que saltar, y estaba todo en bandeja… A mí, me dijeron anoche que estaba el Ejército y el Rey detrás…

Pues alguien o álguienes mintieron y seguramente nunca sabremos todos sus nombres. Lo que sabemos es que el peón Tejero fue sacrificado. El juego debía continuar.

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