Menú

Que no nos hagan perder la libertad

Antonio José Chinchetru

Los gobernantes no deben caer en la tentación de proponer medidas antiterroristas que sobrepasan los límites democráticos. El peor modo de combatir a los enemigos de la libertad es destruyéndola nosotros mismos (Volver)
berdonio dijo el día 24 de Marzo de 2012 a las 17:35:33:

Cierto. Es un disparate intolerable y una aberración miope negar la libertad so pretexto de defenderla. Creo que el problema parte de no saber acotar espacios y hacerse un lío extralimitándonos alocadamente en el terreno que no deberíamos al tiempo que nos acogotamos en otros por mor de estúpidas correcciones políticas o dogmas sacralizados.

Lo esencial de la democracia liberal es la importancia que otorga a los medios utilizados respecto a los fines. “Aplastar a los enemigos sin que importen los medios utilizados" describe una situación de histeria total inaceptable para un liberal… y para cualquiera por muy embrutecido que esté: siempre existirá un límite infranqueable hasta para el peor socialista.

Creo que se es liberal en la medida que se acierta en la acotación de responsabilidades y ámbitos de legítima actuación y socialista en tanto que se confunden. Al agresor –bien concreto, demostrado, individualizado y restricto-, hay que anularlo utilizando medios tasados y proporcionales; en especial, los posibles efectos colaterales han de ser ponderados y limitados al máximo. No se puede tratar de implementar medidas de guerra contra intangibles, contra ideas o entidades abstractas -como el socialismo, el racismo o el terrorismo- , por deleznables y perversas que parezcan; ni siquiera contra colectivos donde la responsabilidad individual sea vaga y difusa.

Y, por pura eficacia, jamás se pueden supeditar los principios a la eficacia. La paradoja se entiende bien cuando nos percatamos de que los valores son la decantación evolutiva de las mejores estrategias por oposición a la eficacia táctica o cortoplacista. Ser un combatiente caballeroso es a la larga mucho más eficaz que no conocer ni a la madre que nos parió.

En definitiva, no hay mejor refutación de las sociedades abiertas que demostrar que deben traicionarse a sí mismas para defenderse. No es verdad.

« 1 »