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Iñaki Gabilondo, ¿y usted qué ha hecho?

Usted, como toda una generación de teóricos del apaciguamiento con el nacionalismo, prefirió mirar para otro lado.

Antonio Robles
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En plena euforia del proceso constituyente de Cataluña (o sea, del golpe de Estado institucional por fascículos) Iñaki Gabilondo se preguntaba alarmado con voz afectada y aires apocalípticos: Cataluña se va, ¿es que nadie se da cuenta? ¿nadie hace nada por evitarlo? Íbamos camino del mítico 2014.

Imprescindible para seguir leyendo este artículo escuchar los 4,44 m. del vídeo, Cataluña se va. Hay que estar ciego para no verlo.

No se dejen impresionar. Esas evidencias que no supo, no quiso o no le interesó combatir en su momento siguen contaminadas de condescendencia con el nacionalismo, aunque parezcan que lo están combatiendo, pues pone la responsabilidad del apocalipsis que se avecina en quienes deberían haberlo impedido, y no en quienes lo han activado. O dicho de otro modo, en pleno éxtasis independentista, nos alerta de que la voluntad de Cataluña para irse de España es ya irreversible, es decir, subraya el poder desplegado por los nacionalistas y remarca la debilidad del Estado ante él.

Aunque su mayor contribución es tratar a las fuerzas nacionalistas como la voluntad de un pueblo incomprendido y no como un colosal lavado de cerebro dispuesto por una casta catalanista que detenta el poder económico, político y moral durante los dos últimos siglos, y cuya influencia le ha permitido neutralizar a la propia izquierda que en otros tiempos la combatió. Ni un reproche contra esa izquierda nacionalista y su traición a la emancipación. Ni una palabra contra la corrupción de esa casta, ni una crítica a la exclusión lingüística, ni reflexión alguna contra el adoctrinamiento escolar, el control de los medios de comunicación o la exclusión laboral y social de todo disidente a esa dictadura blanca de Pujol advertida a tiempo por Tarradellas pero desoída por todos.

No, Sr. Gabilondo, el problema no es que las víctimas de ETA descuidaran mirar debajo del coche, los culpables de la bomba lapa que les mató son quienes la pusieron. No nos asuste con el poder de ETA para advertirnos que hay que negociar con ellos como hizo en el pasado, para comprobar 30 años después que se había equivocado. ¿Ha reparado en la legitimidad que le otorgaba replicando su fuerza en sus micrófonos? ¿Repara ahora en la fuerza que le otorga a una minoría secesionista, una minoría muy grande, pero minoría, cada vez que remarca su fuerza? Sin siquiera advertirlo está engrasando con la más vieja propaganda de guerra al enemigo.

Afortunadamente, su perplejidad es la nuestra: "No consigo entender la despreocupación, la indiferencia de los que no paran de hablar de lo importante que es Cataluña para España" y no hacen nada para impedirlo. ¿Dónde están, tienen algún plan? ¿Es que nadie lo ve? ¿Es que nadie hace nada?

¿Lo vio usted alguna vez durante estos últimos 35 años? ¿Hizo algo en estos últimos 35 años para evitarlo? Tenía todo el poder mediático. Pero usted, como toda una generación de teóricos del apaciguamiento con el nacionalismo, prefirió mirar para otro lado, cuando no combatir a las pocas voces que denunciaron desde el principio esta dictadura blanca. De mil modos, la peor, censurando su voz, satanizando sus biografías, ocultando sus acciones.

"Ahora se habla de 300 años de expolio", dice con incredulidad. "¿Nadie ha preparado un plan para explicar 300 años de vida en común…?". Bienvenido al club. Aunque debo recordarle que "es más fácil engañar al pueblo, que convencerle de que le han engañado". Y buena culpa de eso la tiene usted y toda su generación de apaciguadores.

Aun así, es mejor tarde que nunca. Bienvenido.

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