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Manifiestos libres pero no iguales

Intelectuales y políticos del resto de España supuestamente de izquierdas han logrado hacer un manifiesto de derechas.

Antonio Robles
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Vivimos en dos mundos paralelos. Nacionalistas y el resto. Para los nacionalistas, la legalidad es española, no catalana, y por lo tanto no les incumbe ni les obliga. Entender esta dicotomía es entenderlo todo. Por eso, cuando ayer la jauría adiestrada por Pavlov salió a por los firmantes de Libres e iguales, a quienes vivimos esa realidad esquizofrénica no nos cogió por sorpresa. Salivan ante cualquier cosa que reafirme España. El mal de nuevo, la España eterna, la caspa… y ahora, también la casta. Importa poco que hayan presentado el manifiesto amparándose en la Constitución y ante las puertas del Congreso de los Diputados. No va con ellos. Alguien les debería recordar el peso del Estado, como lúcidamente apuntó ayer Boadella. Más que nada para advertirles de que no todo el monte es orégano. A los niños consentidos, como a los déspotas, es bueno marcarles límites.

Vivimos en dos mundos paralelos. La realidad constitucional para los separatas, como para Platón el mundo empírico, no existe; su mundo nacionalista, su Cataluña ideal, es la verdadera realidad, a la que se accede a través del desprecio del mundo legal, empírico, constitucional de la España sensible. Pero, al contrario de Platón, el camino del ideal no necesita el costoso esfuerzo del conocimiento, ya están instalados en él por el mero hecho de ser catalanistas. Su mundo es autónomo y en él disponen de todo lo necesario para sentirse únicos y diferentes al resto de los españoles: presupuestos de Estado, medios para repetirse cada día lo fantásticos que son, un Parlamento para simular que pueden hacer leyes que no tienen capacidad para hacer, escuelas para adiestrar en el ideal a las nuevas generaciones, un Gobierno antiespañol para sentirse Estado, la operación Galaxia en los locales de la ANC para dar un golpe de Estado mediático y, sobre todo, una infinita autocomplaciencia para tragarse todas sus mentiras. Puro narcisismo. Desde esa burbuja se entiende que no quieran ser ni libres ni iguales, sino distintos en derechos y deberes en nombre de la diferencia impuesta por su mundo. Ya ven, al privilegio le llaman diferencia. No han entendido algo esencial: uno es libre para vivir como le plazca, pero los derechos y deberes que organizan la sociedad en la que vivimos nos obligan a todos. Por eso somos libres e iguales.

Pues bien, o ellos están en el fondo de la caverna de Platón o lo estamos nosotros. O los dos. Ellos están convencidos de que han roto las cadenas que los tenían esclavizados por la España eterna en el fondo de la caverna, y ahora, desde esa clarividencia independentista , nos ofrecen ser hermanos en una España rota donde seremos por fin felices y comeremos perdices. Les dejo que sigan acomodando el mito a su antojo, solo he querido advertir que conocer el problema es hacernos conscientes de que van en serio, tan en serio como los fanáticos en sus creencias. Eso les garantiza impunidad porque se sienten moralmente superiores y excusados de cumplir con cualquier ley que cuestione sus fines. Importa poco si es falso o verdadero, ellos lo creen así. Por eso es tan importante reparar en el último ruego del manifiesto Libres e iguales:

Les pedimos que trabajen organizadamente por la deslegitimación intelectual y política del nacionalismo (…)

Efectivamente, describir su naturaleza totalitaria es imprescindible. No olvidemos, como nos recordó K.Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, que todos los totalitarismos modernos nacen del mundo de las ideas de Platón.

Si el independentismo actual tiene cancha, no es por casualidad, durante años intelectuales y Gobiernos nacionales les hicieron el juego. Como el contramanifiesto publicado ayer, también en Madrid: Una España federal en una Europa federal. Intelectuales y políticos del resto de España supuestamente de izquierdas han logrado hacer un manifiesto de derechas. La típica postura progre irresponsable que allana las peticiones nacionalistas: reconocimiento de Cataluña como nación, manga ancha con la política lingüística y cultural y privilegios económicos. A eso le llaman federalismo, pero es pura traición a la igualdad de todos los españoles ante la ley.

Si el primer manifiesto, Libres e iguales, fue acogido en Cataluña con todo tipo de improperios, este segundo ha sido acogido como un mal menor, cuando no rechazado literalmente porque, a pesar de las rebajas de julio, sigue rechazando un Estado propio para Cataluña. Imposible trascribir aquí todas las críticas desmedidas. Nos hacen perder mucho tiempo.

Si desoladores resultan los desprecios nacionalistas, triste es comprobar que entre los nuestros los hay que no han visto en Libres e iguales otra cosa que su ausencia en la foto. Carlos Martínez Gorriarán, según recoge Libertad Digital, ha dejado caer en Twitter: "Esa costumbre de hacer manifiestos desde la barrera pidiendo a los que se la juegan que hagan lo que hacen desde hace muuuchos años. Oh!". Venir a estas alturas de la guerra con réditos políticos me parece mezquino e impropio de personas responsables. Y si alguien hubiera debido hacer el reproche, nunca él, pues en la elaboración del manifiesto Por una lengua común de 2008 hizo lo imposible por que no estuvieran C’s y otras firmas fuera del ámbito de UPyD. Reprochar a personas como Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Albert Boadella, Xavier Pericay, Cayetana Álvarez de Toledo… que practican el juego de salón es ingrato e injusto. No ha de olvidar Gorriarán que antes de las magníficas intervenciones en el Congreso de los Diputados de UPyD estuvieron las de C’s en el Parlamento de Cataluña, y antes asociaciones como CCC o Foro Babel, y antes la Asociación por la Tolerancia, y antes el Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña de 1981. Todos, extranjeros en su país. Benditos sean los que se hayan ido sumando a lo largo del tiempo, benditos sean los que se sumen ahora, ni un reproche más a quienes abundan en el discurso constitucional, muy al contrario, la imprescindible labor que está haciendo UPyD debería recibir Libres e iguales como un refuerzo, nunca como un rival. Porque lo importante son las ideas, no quién sale en la foto. Y las ideas son hermosas.

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